José P. Serrato (Ciudad de México, 1987) estudió Derecho en la UNAM y la Licenciatura en Creación Literaria en la UACM. Es Maestro en Filología por la UAM y Doctor en Literatura Hispánica por El Colegio de México. Trabaja como profesor en la UACM y en la UNAM. Becario del Fonca en 2013 en el área de poesía. Recibió en España el I Premio de Poesía Marina Alta «Poetes per la Cultura», en 2020; el primer premio del concurso 45° de la revista Punto de Partida y el segundo lugar en el premio Vigencia del 68, en 2018. Autor de los libros Olla de enigmas (1618). Los enigmas gastronómicos de Cris´tobal Perez de Herrera, El Colmex, 2024; Pulso herido en el Museo de la Natural Historia, Sombra del Aire, 2024 y Diseño de interiores, UACM, 2024.
Siete estancias de la introspección: Diseño de interiores de José P. Serrato
Desde que conocí a José Serrato, supe de su fascinación por la literatura barroca, los acertijos de Sor Juana, las metáforas complejas de Góngora. En distintas ocasiones tuve la dicha de leer sus poemas, y confieso, me resultaban barrocos, me era complicado hasta cierto punto comprender los versos de cada poema, pero más barroco era yo al querer comprender un poema, pues ¿cómo se comprende un poema? ¿qué debe comprenderse en un poema? ¿el ritmo, la métrica, los tropos?
Ethel Krauze, en su libro Cómo acercarse a la poesía enuncia “Nunca me importó no entender el significado de cada una de las palabras que leía. Ni aún ahora. Nunca anduve detrás de los diccionarios. Ni hoy lo hago. Para leer un poema hay que “entrar” en él, tomarlo como se toma un buen vino ¿qué importa su añada, su cosecha o su región? Vas haciendo paladar al ir bebiendo…Cuando un rostro te hipnotiza, no tratas de entenderlo, te sumerges en su contemplación”. A partir de esta palabras podemos concedernos la libertad de apreciar el lenguaje poético a través de “gustos y “sensaciones”.
El diseño como disciplina artística, exige estructura, proporción, por lo tanto, también se vuelve arquitectónico. En ese sentido, Diseño de interiores título del libro que hoy presentamos, responde a esa estructura: es una obra arquitectónica, y José Serrato ha sabido cimentar cada uno de los siete apartados que lo conforman, con un lenguaje de oleaje, pedregoso, donde se aprecia una voz y un estilo distante del barroco inicial, aunque no del todo, pues en algunos momentos, el autor, a modo de homenaje, retoma la tradición que lo inspiró e inspira.
Cada sección del libro es una estancia reflexiva: Fachada sin número, Sala de venir, Horno, Centrífuga oficina, Cama, Retrete, Patio trasero. Son los títulos por donde el lector curioso ha de husmear, ya sea a través de la ventana, o ya internándose a la biblioteca de un baño.
Regreso a la idea de la arquitectura porque el poemario, diseñado por el poeta, es un hogar donde habitan las emociones, las interrogantes, la reflexión; finalmente, la filosofía. Las paredes son sólidas, se mantienen firmes a partir de sentencias, de aforismos como los siguientes: “Las cenizas son códigos definitivos”, “Hay días en los que nos asomamos para saludar a la gente”, “Los ahogados son las lámparas de los océanos”, “Los pescadores saben algo que sólo se grita en los naufragios”, “Mi corazón, como mi cama, le queda descobijado a mi cuerpo”. Estos ejemplos revelan de qué manera la voz lírica ensambla cada una de las moradas que invita a que el lector recorra.
El poeta reflexiona constantemente sobre la condición del ser humano, sobre las necesidades que se inventa cuando no los requiere, cuando lo material rebasa lo espiritual. Ante eso, nos dice el poeta: Aquí hay una sola calle con un farol y es mi pregunta ¿quiero una casa contigo? ¿no será que deseamos un río que abrace nuestras lágrimas? ¿o mejor aún, una barca que nos lleve bajo las sombras de los manglares? No terminamos de comprender aún que nuestra casa es el cuerpo; que no requiere añadiduras que no sean orgánicas sino una introspección; una limpieza interior para ordenar el desorden que constantemente generamos.
¿Dónde estarse quietos? ¿En la casa? ¿En el lenguaje como una casa? ¿En aquellos muebles con grietas? ¿En los utensilios de cocina? Estos cuestionamientos constituyen una constante conforme avanza la lectura. De un momento a otro nos encontramos horneando la zozobra de una lucha, nos encontramos ante el llanto por aquellos que nos han entregado el agua a cambio de su libertad: Un litro de agua limpia que pondremos a hervir /en una olla/ y un litro de agua/ que nos ha costado acá en la colonia/ cerrar la carretera/ que nos echó a la cárcel a Jaime, a René y a Azucena…
La cotidianidad es la materia prima para amasar las reflexiones en cada verso, sin embargo, hay un rasgo que se va develando en la mirada de la voz lírica; la autorreflexión. Este interés por la vida me remite a la filosofía oriental, en especial a los maestros haikuistas, y para precisar más, a Kobayashi Issa, quien, tras una vida de dificultades y de abandono, encontró en los seres minúsculos el equilibrio espiritual del ser humano. Así pues, la voz lírica de Diseño de interiores nos obliga a encontrar la grandeza espiritual en esos seres: Tú jugabas, sólo eso/ y acaso la mala rabia de un dios inasible y desatento/ te agarró los ojos con uñas y tierra/ y los llevó entre la bolsa de canicas al ojo hialino/ de alguna de ellas donde permanece el cadáver de un mosquito… En otro poema, se nos aparece una abeja: …una abeja se cuela por la ventana, nuestra perra la caza intenta… Más adelante, continúa la reflexión: Y si me bajo, si me acerco al piso veo que casi piso casi destrozo un insecto. La agudeza se intensifica en los siguientes versos: ni por los ríos que se han secado en los estómagos de Siria o por las pequeñas hojas que algunos insectos devoran con ojos salpicados de arena. Y la observación microscópica termina con lo siguiente: Los miriápodos sin alas, las alas sin ventanas, las ventanas sin consciencia y la conciencia vasta.
Diseño de interiores es un libro de cuerpos y almas nómadas. Una vez que te pares a observar Fachada sin número, no te asustes si de pronto te encuentras debajo de la almohada de Fernando Pessoa, acaso sea un diálogo con el Aleph de Borges.
Para finalizar, retomo nuevamente las palabras de la poeta Ethel Krauze, pues considero que la obra comentada se ciñe bastante bien a las siguientes líneas: La literatura no es ficción, sino conocimiento profundo del ser humano. No inventa, descubre; no copia, crea; es una lente de aumento, muy ancha y microscópica a la vez, donde nos miramos a nosotros mismos.
Selección de Diseño de Interiores, UACM, 2024
Plegaria para un descanso
Todo en esta casa tiene un sueño de leviatán herido.
La alfombra padece un sueño polvoriento
el baño un húmedo sopor, el escritorio, la silla, el teléfono,
las grietas tienen un sueño tembloroso e inestable,
las cadenas donde crecen los perros y las bicicletas,
el agua potable, las sogas de ropa inaugurada al olvido,
los armarios, las escobas y los vasos de vidrio, tiemblan
de sueño, como si temblaran de polvo.
Cada elemento de esta casa ha estado en vigilia atenta y atónita,
escuchando si los pasos, si por la radio,
si por el televisor, si acaso ese motor es el motor, si los ruidos
en la madrugada son esos ruidos y esa madrugada,
si los helicópteros, si las avionetas, si el toquido en la puerta
si la carta o si el mensaje, si el grito de allá afuera
es la señal para el descanso.
Receta de Youtube
Voy a escribirte un e-mail contándote para
qué sirven los picos de las palomas.
Juan Carlos Mestre
Veo en Youtube la receta
para cocinar a detalle un platillo japonés
la elegante mujer que protagoniza el video
comienza a nombrar los ingredientes:
en primer lugar, arroz
y pausa, anoto en mi cuaderno, para
que no vaya quedando ningún ingrediente fuera arroz
pero pienso en el arroz que se compra por acá francamente difícil de lavar
arroz que después de siete lavadas queda
en pedacería, en polvo, en sombra, en nada
y es más fácil comerlo sucio porque incluso la gente
ha dicho que el estómago
se curte con bacterias de la comida callejera,
arroz, recuerdo, tengo arroz
el arroz, y
play
ahora la mujer anunciará el segundo ingrediente,
y antes un comercial de una marca de sartenes
a los que no se les pega absolutamente nada
y lo siguiente un litro de agua,
un litro de agua limpia que pondremos a hervir
en una olla, y un litro de agua,
que nos ha costado acá en la colonia
cerrar la carretera
que nos echó la cárcel a Jaime, a René y a Azucena,
un litro de agua,
limpia es lo de menos,
perdido entre nuestros litros amarillos
coloreados de ranciedumbre de tambos y cubetas de plástico
quizás pueda usar en la receta uno de esos
litros subversivos subversantes que me hicieron secuestrador de pipas
que ese día después del temblor conocieron mis vecinos
quizás ese litro de agua sirva
opaca, translúcida, ambarina
aunque ahora no sé qué ingrediente sigue
hace cinco minutos,
mientras recordaba
vinieron a cortar la electricidad
al ciber café de la colonia.
Habitación para cuatrocientos mundos
En cada beso construimos una habitación
como una ceremonia de la leve sincronía de nuestras bocas
cuando edifican la carne húmeda y los nervios
la mía bebiendo tu silencio, la tuya naciéndome la voz.
Hemos cerrado los ojos para esta ceremonia y la habitación fría se sacude:
apenas tu cuerpo ha rozado el corazón de las sábanas
y ha empezado a arder el cerrojo de la puerta,
cuando ya suena el timbre y es alguna vecina,
preguntando algo inaudible y frío como una navaja,
nuestra habitación de trigo ha sido segada por el ruido y volvemos
a cultivarnos, a recoger las mieses y las semillas, y a humedecer
la tierra, para sembrar todos los besos juntos en un surco todos,
sembrándose vivos en un beso de muchas voces, y aquí
es nuestra habitación, aquí
no hay chimeneas,
no hay vino,
no hay secretos
tenemos con nosotros
espíritus distintos distinguidos
océanos de pulsos con los vellos erizados y entrecierro
los ojos para que nuestras pestañas se acaricien,
como dos pinceles que se besan en la boca, y ahora
es un disparo allá en la calle el que ha fruncido el ceño y atraviesa
con su eco estentóreo las paredes de este hogar de este país de ternura,
de este pequeño monumento que es difícil mantener en pie,
nos separamos,
la mirada es entonces la boca, nos decimos,
en silencio vocablos de cuidados,
nuestro beso es una casa donde el mundo se empeña en existir
es un país donde los hombres y las mujeres se dan las manos,
y una jauría de estrellas nos cubre sin inocencia.
Afuera de este beso arde el mundo
y nosotros, dentro de este beso, elaboramos una epítima
elaboramos un ensalmo, intentamos curarlo.
***
Juventino Gutiérrez Gómez (Tlahuitoltepec, Oaxaca, 1985) es un poeta de origen mixe. Licenciado en Creación Literaria por la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM). Especialista en Literatura Mexicana del Siglo XX por la Universidad Autónoma Metropolitana Azcapotzalco. Ha sido becario del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes FONCA (2015-2016) y beneficiario del Programa de Estímulo a la Creación y al Desarrollo Artístico PECDA de Oaxaca en la categoría de literatura (2017-2018). Obtuvo el segundo lugar en el Concurso Nacional de Poesía Francisco González León 2016 y una mención honorífica en el concurso XLIX de la revista Punto de Partida de la Universidad Nacional Autónoma de México en 2018. Es autor de los libros En ayuujk, surca la memoria (2015), Alfombra roja (2021) y Kong´ëy(2021). Miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte.