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    Reseña de Una leve exageración de Adam Zagajewski – Leer es vivir dos veces

    Una biografía donde el arte cataliza la supervivencia

    Con la mudanza en marcha, decidí desempolvar algunos libros que llevaban años en mis estanterías y que no había fijado mi interés en ellos más allá del día que los compré. No pasa nada, acumular libros sin leer es una necesidad vital. El filtro lo tengo en la compra. El momento de lectura es secundario. Hay libros que se pasan años callados, obedientes, en los estantes y un buen día deciden hacer aspavientos y sobreponerse a codazos a sus compañeros de balda o quizás, simplemente, el filtro vital de los ojos con los que los miro hacen que lo que ayer era una luz tenue hoy se convierta en una estrella brillante. Ese día, los ves y llaman tu atención. Eso me ha pasado con Una leve exageración, de Adam Zagajewski, editado por Acantilado. Se publicó originalmente en 2015 y Acantilado lo tradujo y editó en 2019. Es posible que desde ese año llevase en mi biblioteca. Pero nunca es pronto ni tarde para leer ciertos libros. Solo hay que dejarse llevar por el momento. De este autor ya leímos hace años En la belleza ajena y nos encantó. Quizás podríamos decir que Una leve exageración es una vuelta de tuerca más a aquellas conversaciones que nos proponía el autor.

    Una leve exageración es la obra más personal de Zagajewski. No es una autobiografía al uso, sino un texto digresivo, aforístico, una suerte de dietario sin orden cronológico en el que el poeta comparte con el lector episodios de su historia personal—de la Segunda Guerra Mundial y la deportación de su familia tras la ocupación de Polonia al funeral de Joseph Brodsky en Venecia—entrelazados con impresiones sobre la historia de Europa, la guerra y la ideología, así como la literatura y el arte que más han marcado su trayectoria. Zagajewski no escribe su vida sin más. Para un poeta eso sería caer muy bajo. Ni tampoco narra una crónica apasionante de su vida o de la de su familia. Zagajewski quiere servirnos de guía, quiere ser nuestro faro. Al tiempo que reflexiona sobre su momento histórico y el de sus antepasados, nutre el texto de referencias a Musil, Cioran, Kavafis, Proust, y otros muchos poetas eslavos que no conocía. Quiere dejarnos migas en el camino para que no nos perdamos. Para que identifiquemos aquello que merece la pena, aquello que a él le ha servido para mantenerse en este mundo cruel, frío y desapacible. Y lo llena de esperanza y nos dice que disfrutemos de la música clásica, que leamos poesía, que viajemos y que nos dejemos embaucar por el arte, porque el arte nos salvará, “en el arte vivimos a instantes, instantes importantes y saturados de sentido, aunque pasajeros, pero luego regresamos al mundo desordenado”. Esa salvación existe porque el arte mantiene las distancias, nos mantiene expectantes sin levantar nuestros pies del suelo, “vivimos entre la hipérbole y la lítote (que es el contrario de la hipérbole: la atenuación, y no la exageración de las cosas) (…) ¡Qué difícil resulta encontrar el ligar intermedio entre la hipérbole y la lítote donde se sitúa nuestra experiencia!”. De hecho, el título del libro va en este camino. La que será a la postre su principal aportación, se debe a una respuesta que dio su padre, ingeniero de profesión y mente cuadriculada de serie, a un periodista cuando le preguntó por un fragmento de uno de los libros de poesía de Zagajewski hijo. Su padre dijo que la poesía era “una leve exageración”. Al autor se le da la oportunidad de reflexionar sobre la frase de su padre y dice, la poesía “exagera, realza innecesariamente los trazos y las líneas de la realidad, hace que a la realidad le entre calentura y que baile (…) es una buena definición de la poesía (…) La poesía es una leve exageración mientras no hagamos de ella nuestro hogar, porque entones se vuelve realidad. Y luego, cuando la abandonamos -porque nadie puede morar en ella siempre-, vuelve a ser una leve exageración”. Esa leve exageración nos mantendrá con vida. Esta es la síntesis del libro y de la biografía de Zagajewski, déjense embaucar por el arte.

    Esta idea es algo que comparten quienes han leído y reseñado el libro. Por ejemplo, Rafael Narbona en El Cultural señala que la obra de Zagajewski no es una autobiografía al uso, sino que se trata de un diálogo con las preguntas filosóficas más importantes -qué es ser, estar, la verdad, el arte, o dios- sin caer en la fanfarria y sin engolar las palabras, “no elabora un discurso teórico, sino un largo poema en prosa que elude la solemnidad y el hermetismo”. O, por otra parte, Martín López-Vega en Babelia, que dice lo mismo con otras palabras, “Una leve exageración es el que tiene más de reflexión sobre la escritura, y más en concreto sobre el poema como lugar de la iluminación. Puede parecer que habla de poemas, pero habla de la vida. La prosa de Zagajewski es la de un filósofo cuyo sistema es la propia complejidad del mundo”.

    En definitiva, estamos ante un texto sugerente donde el arte funciona como catalizador de la supervivencia. Una oportunidad para darnos cuenta de que la vida en sí misma es insulsa y que necesitamos el arte, la literatura, la música, la pintura y las experiencias mediadas por todas ellas, para darle sentido a la vida.

    ¡Nos vemos en la próxima reseña!

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