Prefiero el uranio enriquecido antes que la gasolina convencional
Llevamos unos días frenéticos en lo personal y tengo abandonadas las lecturas y las reseñas en el blog. No me da tiempo ni para comer sentado. Todo son necesidades, urgencias e imprevistos. Y con un escenario de máxima vorágine es difícil sentarse a escribir algo medianamente interesante y sereno. Así que, perdonadme si la reseña de Mi muerte de Lisa Tuttle publicado originalmente en 2004 y editado en castellano por Muñeca Infinita en 2025, no es mi mejor reseña de los últimos años. No quería dejar de compartiros el libro y por eso me empeño en sacarlo, aunque yo siga entre cajas, cosas que no funcionan, gatos descompuestos y niños inquietos. Vayamos al lío.
En Mi muerte, su protagonista es una escritora que se siente incapaz de volver a imaginar historias tras el fallecimiento de Allan, su marido. Es una artista a la deriva. No solo ha perdido a su marido, sino su inspiración. Su agente, Selwyn, la cita para hablar sobre su próximo libro, y no sabe qué le dirá. Enseguida se le ocurre: escribirá la biografía de Helen Ralston, más conocida, como la modelo del cuadro “Circe” de W. E. Logan. Ralston es una novelista y artista por derecho propio, cuyos escritos ya no se imprimen -y a nuestra protagonista le marcó hace tiempo una de sus novelas, En Troya– y su cuadro más radical, “Mi muerte”, se considera subversivo para ser expuesto en público. Mujeres artistas sin inspiración y mujeres artistas inspiradas, pero silenciadas. El silencio propio y el impuesto. La dificultad para mantenerse a flote en una vida que castiga dos veces a las mujeres, en lo personal y en lo profesional. La escritora viuda (como me joden los libros que no ponen nombres a sus personajes) consigue dar con Ralston y esta accede a que escriban su biografía. A lo largo de los meses, Ralston se muestra asombrosamente cooperativa, incluso cuando su biógrafa descubre inquietantes resonancias entre la historia de la anciana y la suya propia. Con este escenario, la pregunta que sobrevuela a los lectores es ¿de quién es realmente la biografía que está escribiendo? En un juego interesante de espejos con un final que abre y cierra brechas, Tuttle brilla en una propuesta diferente a lo que estamos acostumbrados.
Tengo que reconocer que este estilo de libros no son mis favoritos. Que prefiero un tocho profundo que algo ligero e innovador. Los experimentos literarios son muy bienvenidos porque aportan aire fresco. Pero entre este título y Vivir abajo, me quedo con el segundo. Soy más de este tipo de propuestas. Me gustan más La broma infinita o Ulises, que Mi muerte. Esto son gustos, así que no tenemos por qué estar de acuerdo. Tampoco estoy diciendo que Tuttle esté a la altura de Faverón, Wallace o Joyce, ni mucho menos. Pero puestos a experimentar, mejor hacerlo con uranio enriquecido antes que con gasolina convencional.
¡Nos vemos en la próxima reseña!