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    Reseña de la novela Después de la derrota

    Finalista Mejor Novela Cartagena Negra 2025

    Puedes leer las reseñas y entrevistas a todos los finalistas de esta edición 2025 en nuestra sección especial: Cartagena Negra.

    Después de la derrota, la conmoción en la vida

    Hay obras que uno disfruta de una manera especial. Seguramente tiene que ver con el momento y con el espacio de la lectura. Es el caso. El verano se presta. Hablamos de Después de la derrota. Me gusta porque el protagonista es un periodista, porque todos tenemos alguna derrota, no siempre tan dramática, o sí, y porque el período estival es una etapa para recapitular y leer entre líneas y con cargas de profundidad de nuestras propias existencias. 

    Esa provocación intensa e inmensa nos la trae Paco Gómez Escribano de una guisa imponente en su novela número 11. Es un deleite con un argumento agridulce. Ya descubrirán por qué señalamos esto. 

    La existencia tiene en algún momento una mirada atrás para pedir perdón, para brindar compasión, para contar tu historia, como decía Gabriel García Márquez. 

    Zip, con alma de periodista, no sabemos si frustrado o no (todo es relativo), como se deduce en alguna parte, pero en todo caso con ese espíritu vocacional, ahora pequeño empresario hostelero, aprovecha sus dotes comunicativas para armar, o recomponer, su devenir, infectado en un submundo, el de la droga, golpeado igualmente por el fracaso y por la inadaptación en el ámbito laboral. 

    La muerte del Chule, un amigo con pasado carcelario, le lleva a una concatenación de hechos. Puede que no haya causa-efecto, o quizá sí, pero, indefectiblemente, nos sirve para enmarcar su pasado. Del funeral se va al banco para conseguir dinero, y ahí se enreda con el dolor de un cosmos conocido. Acaba siendo rehén e interlocutor con la Policía. 

    La casualidad o causalidad es que el líder de los delincuentes es Nico, hijo de la mujer de su amigo fallecido. La conexión es espléndida, porque nos atrae e involucra con lo que está sucediendo, con el añadido de que aprendemos bastante sobre los orígenes de la batidora existencial de los atracadores, impelidos a un fatum terrible, como lo fue el final del Chule, al que llega después de un periplo complejo por los establecimientos penitenciarios de toda la nación.

    La cuestión es que todo es, sí, sencillo y complicado, y que el riesgo para los más vulnerables es mayor. Además, es contado con una técnica prodigiosa, perfecta, que acoge y recoge desde la cercanía a la epidermis de unos personajes sin futuro por un escaso presente.

    Los diálogos denotan un conocimiento de los ambientes retratados, lo cual permite cercanía, empatía con lo manifestado y descollado, sin olvidar que imprimen fuerza, entrega a las causas que se pueden considerar perdidas, así como una filosofía de la vida que precisa conocimiento, como indica Paulo Freire, para poder tomar medidas que eviten una crónica de un desenlace anunciado. Los ambientes vulnerables generan conflicto, y también la carencia de oportunidades: eso se plasma y se denuncia.

    En el fondo y en la forma, se parte de la muerte del Chule para radiografiar una porción de la sociedad que crece al margen y sin el suficiente apoyo. Las descripciones son movilizadoras para entender el ecosistema en cuestión. La trama, las historias personales y el contexto o texturas sociales se hilan con costuras realistas que permiten que afloren problemas, penas y dolores que hay que mostrar para corregir y curar, para sanar. 

    Es esta novela, con multitud de méritos y varios reconocimientos, una propuesta valiente, con una riqueza ingente de vocabulario y una sensibilidad que regalan sensaciones donde se fermentan el amor, el conflicto y el debate, bases de un relato que, bien esgrimido, apuesta por una reconciliación individual y comunitaria sin la cual no conseguiremos una evolución agradable y resolutiva. 

    Sea como fuere, se entiende que la derrota nos conduce, o puede hacerlo, a un cambio de guion. El autor, en todo caso, transforma el fracaso en una epopeya, si me autorizan a significarlo así, y eso supone progresar a partir de los errores, que, una vez glosados, se pueden enmendar y mejorar, para hallar el equilibrio, la paz y la dicha. ¡Ojalá!

    Y no olvidemos que, como dice el protagonista, quizá también el mismo autor, “después de la derrota quedan las ruinas de la derrota”. Hay todavía muchos resquicios, puede que por y para descubrirlos en la siguiente publicación. Les dejo una intriga: yo también echaré de menos a Marga.

    Lee más reseñas de Juan Tomás Frutos.

    Después de la derrota en Alrevés Editorial.

    Sobre Paco Gómez Escribano

    Paco Gómez Escribano es autor de diez novelas: El círculo alquímico (2011); Al otro lado (2012); Yonqui (2014); Lumpen (2015); Manguis (2016, premio Novelpol); #MadridPrisión (2017); Cuando gritan los muertos (2018, premios Ciudad de Santa Cruz, Negra y Mortal, y finalista del premio Hammett de la Semana Negra de Gijón y del premio Novelpol); Prohibido fijar cárteles (2019); 5 Jotas (2020, finalista del premio Novelpol, finalista del premio Pata Negra de la Universidad de Salamanca y finalista del premio Cartagena Negra); Narcopiso (2023, ganador del premio Estandarte a la mejor novela); y ahora Después de la derrota. Actualmente también imparte clases en un instituto público.

    Datos de publicación

    • Título: Después de la derrota
    • Autor: Paco Gómez Escribano
    • Editorial: Alrevés
    • Año: 2024
    • Páginas: 250


    Cartagena negra, novela negra, Paco Gómez Escribano

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