Una obra fundamental para conocer un episodio importante de nuestra historia
Hace unos días tomé una decisión difícil: he dejado de publicar post en Instagram. He dejado Instagram. He salido de la red para entrar en la vida real. Pero me resisto a cerrar el blog, intentaré mantenerlo activo; primero por mí, me sirve de memoria literaria, y segundo por los que lleváis años siguiendo mis lecturas y reseñas. No habéis sido pocos los que me habéis apoyado y me habéis dicho que me seguiríais por aquí. Así que aquí nos seguiremos viendo. Hoy os traigo una novela gráfica, un cómic de Alfonso Zapico, La balada del Norte editado por Astiberri. Lo reseño hoy porque he terminado el cuarto tomo y me he aguantado hasta este momento para comentaros la obra completa. Han pasado 10 años desde que Zapico publicó el Tomo 1 y lo he seguido con mucho amor a mi tierra, a mi conciencia social y a la historia de mi país.
La balada del norte cuenta en más de mil páginas lo sucedido en la cuenca minera asturiana durante la Revolución del 34, en plena Segunda República y bajo el gobierno de la CEDA, cuando los sindicatos de las minas iniciaron una campaña violenta, como protesta contra sus pésimas condiciones de vida y la explotación de los patronos. Se trata de un proyecto que, en un principio, iba a constar de un solo volumen, que se convirtieron en dos y, finalmente, en cuatro. Zapico explicó que “el contexto histórico es tan complicado que necesité de casi un libro entero para dar suficiente información al lector sobre la época y los acontecimientos de la Revolución. En el cuarto libro, tras el fin de la misma, quería darles un desenlace a los personajes”. Pero vayamos poco a poco. El primer libro arranca en Madrid en 1933. Tristán Valdivia, periodista sin periódico, editor sin éxito y amante sin ilusión, abandona la capital para volver al norte. Allí le espera su padre, el marqués de Montecorvo. Son tiempos difíciles para el país, inmerso en las convulsiones de la II República, y el viejo aristócrata debe mantenerse a la cabeza de su feudo particular: la Compañía Minera del Noroeste. En esta primera entrega, surgen personajes inolvidables como Apolonio (para mí, lejos de ser Tristán el protagonista de la obra lo es Apolonio) e Isolina (personaje que permite el tratamiento del género en toda la obra, maravillosamente bien abordado por Zapico) . No nacen de la nada, sino de la negrura (literal y figurada) de los valles mineros de Asturias y bajo el ruido atronador de las minas de carbón. El segundo libro ya se mete de lleno en 1934 y el estallido de la Revolución. Una huelga general revolucionaria arranca la noche del 5 de octubre y sume a todo el país en un profundo caos. Oviedo permanece en silencio, hasta que de repente se oye un ruido en la lejanía. Es la dinamita de los mineros… El enfrentamiento está servido. Este tomo lo prologa Javier Pérez de Albéniz y en él destaca que “Zapico mira al colectivo y ve al individuo. Hace explotar obuses, y dinamita la mediocridad bélica, para derribar la noche y despejar el camino a la filosofía y la literatura. Cree en el ser humano, sea cual sea el uniforme que vista, como fuente de virtud y esperanza. El resto es conflicto, enfrentamiento, abstracción”. El tercer tomo arranca con el fracaso de la Revolución de Asturias. Los rebeldes descargan sus últimos cartuchos y huyen, mientras las tropas del general López Ochoa y los regulares de Yagüe ocupan ciudades y pueblos. Coordinada por Franco desde Madrid, comienza la represión; es la hora de la venganza, de cobrarse con intereses los desmanes cometidos durante la revuelta obrera. Tristán Valdivia, el hijo del patrón, une aquí su destino a los perdedores de la Historia, y se lanza montaña arriba hacia ninguna parte, en busca de quién sabe qué. Y en el cuarto y último tomo se narra el final de una revolución efímera. Con Largo Caballero en prisión, Indalecio Prieto en Francia y muchos otros rebeldes muertos o escondidos, los protagonistas de esta historia vagan por las montañas de Asturias en un invierno frío de derrota. Estas páginas amueblan el vestíbulo de una casa en ruinas, el hogar roto y vaciado de la guerra civil española de 1936. Para comprender cuánto odio, rabia y dolor se acumulaba en aquellas habitaciones hay que pasar antes por aquí. En una entrevista con eldiario.es Zapico hace hincapié en la idiosincrasia de la comunidad minera de las cuencas, “ellos se sentían fuertes porque funcionaban de manera colectiva. Entendían de una forma ancestral que era la única fuerza que podían ejercer para sobrevivir. Pocas industrias han sido más implacables con sus trabajadores que las mineras”. La balada del Norte es una historia de perdedores y son las mejores historias. La mirada de los perdedores es la mirada de la verdad, de la franqueza, de la lucha contra las desigualdades, del compañerismo y de las traiciones, de la rabia de fondo y las alegrías superficiales, del puño para luchar y para defenderse, para reivindicarse y para no soltar al compañero. Los personajes de Zapico “hacen lo que tienen que hacer; luego sufren las consecuencias. Y cada generación va asumiendo su responsabilidad en la historia”. No les duelen prendas en ello, asumen su rol. Dice el autor que “la violencia de la Revolución surge porque esa gente no tenía ningún horizonte para los que venían detrás. Hasta entonces había una especie de sacrificio, no sé si voluntario o motivado por las circunstancias. El minero pensaba: ‘yo con cincuenta años tengo los pulmones podridos de silicosis, pero tengo aquí a los guajes que van a poder estudiar, que van a tener un porvenir y no van a ser como yo’. He intentado reflejar eso en el personaje de Apolonio, que resulta muy arquetípico y simboliza una clase social y ese sacrificio. Él hace la revolución por su hija, pero ella no puede evitar repetir los actos del padre y tomar su lugar”. Qué sensación tan gratificante la de continuar las revoluciones de nuestros padres.
La balada del Norte es un cómic fundamental para entender cómo surge, se desarrolla y termina uno de los acontecimientos que marcaron la Historia de España. Sin perder rigor histórico, Zapico se centra en las personas, en la situación socioeconómica de las cuencas, en los sentimientos, las problemáticas, los condicionantes, las encerronas sociales y políticas en las que se encontraban y en las contradicciones de una república que se las prometía muy felices y no contaba con que el poder político siempre está subyugado al poder económico. Ojalá lo hubiésemos aprendido entonces. Ojalá aprendiésemos de la historia. Ojalá nuestra memoria colectiva tuviera más presentes estas historias. Ojalá leyésemos este cómic escuchando Planta 14y luego lo pusiésemos en la estantería al lado de otra mucha literatura sobre ecosistemas mineros. Ojalá Zapico contribuya a todo esto y ojalá todos leyésemos este tipo de literatura.
¡Nos vemos en la próxima reseña!