Mes de Reseñas de Clásicos de la Literatura: El Quijote
¿Por qué leer el Don Quijote de Cervantes?
Es complicado salir de los tópicos y de los estereotipos. Sobre el insigne hidalgo Don Quijote de la Mancha se ha escrito todo, o casi. No podemos tener la falsa soberbia o supuesta humidad de introducirnos en él con palabras que mejoren o incentiven lo que hasta ahora se ha glosado.
No obstante, me van a permitir que sea atrevido. Ya sabemos que es un ejemplo de novela moderna. Hay quien asevera que la primera. No obstante, no me pueden negar que tiene una estructura dinámica, casi de audiovisual actual, que quizá se queda un poco anegada por el lenguaje del momento, y no tanto.
Don Quijote, amigos y amigas, es el personaje. Es lo mejor de nosotros mismos. No sólo es soñador: es buena gente, y ve en los demás solo ese lado que, como le espeta a su juez, genera fulgor para afrontar mil batallas, que libra.
Y lo bueno es que las enfrenta sin miedo, con valor, con criterios estrambóticos: en ese sentido, se adelanta siglos a las demencias actuales, y con más fondo o poso, puesto que no alberga alergias o hipocresías.
Además, aunque se haya glosado en multitud de oportunidades, hemos de descollar que el lenguaje es dinámico, hermosamente descriptivo, abundante, con cultismos sí, pero con muchos vocablos populares que acrecientan nuestro conocimiento sobre el castellano. Pensemos que hay 40.000 términos distintos. ¡Parece increíble que tengamos a alguien tan formado como Cervantes con la vida de trasiegos que llevó!
En efecto, Don Miguel viajó mucho, y eso le dio alas a su aprendizaje, al igual que le aconteció al Quijote. Seguramente tuvieron esas dos cuestiones en común: su amor a la lectura y a las travesías por el alma y por los territorios físicos, geográficos.
En la comunicación hay dos valores fundamentales: el nivel afectivo y el racional. Si nos damos cuenta Don Quijote y Sancho representan esa dualidad, y ambos con ribetes recíprocos del grado fundamental de cada uno.
En paralelo, se escenifican muy bien los protagonistas de ese momento en la sociedad: desde la Iglesia (con ella hemos topado, se dice) hasta la nobleza, pasando por los plebeyos, la clase militar y el campesinado, amén de bachilleres y oficios varios, todos bajo el paraguas de la ética y la moral de un tránsito de siglos que nos lleva al XVII con esa mutación a una sociedad más moderna, todavía con pasos lentos, mucho más en el caso de España.
No sólo se critica, por otro lado, a los libros de Caballería, asimismo a ciertos autores: sobre todo se denuncia ese exceso de censura, con un reproche al país, a sus estamentos (de los que se mofa con un afán constructivo) y con una ternura por las clases menos pudientes y más cercanas a los que se ganan el pan con el sudor propio y no ajeno.
Es una novela con ritmo, con capítulos, por entregas, que avanza, con giros de guion, con estima, con ternura, con tristeza, con amabilidad, con dramatismo, con quietud y celeridad, con pausas, con posturas contrarias, con repasos a los ecosistemas, a las vestimentas, a los cielos y a las tierras de esa España forjada en mil batallas. Pensemos en las que tuvieron que venir después por no poner solución a algunos de los males expuestos.
Sobre todo, hay nobleza, hay espíritu, hay muchos datos, pero también formación y entretenimiento, cimientos de un buen relato, al igual que detectamos la cercanía, el equilibrio en sus compases, en sus protagonistas y en sus historias.
Todo es sencillo en este relato, desde los personajes, a sus diálogos y pretensiones, sin olvidar las coyunturas y avatares. Hay, igualmente, un clamor por lo hermoso, por la belleza dentro de las asimetrías y contradicciones de aquel período.
Es increíble el regusto que nos brinda Miguel de Cervantes. Mi recomendación es que leamos las aventuras de Don Quijote en alguna de las ediciones modernas o incluso sintéticas, con el fin de aproximarnos a lo conocido e ignoto, en el caso de que sea una primera lectura. No tengamos prisa, por favor. Tras esta tesitura, mi consejo es leerlo en otro idioma conocido, esto es, en francés, en inglés, o en italiano, y ahí veremos la grandeza de una epopeya tan natural como cotidiana.
Seguro que encontraremos muchas situaciones que aún hoy en día se repiten, eso sí, con otros nombres, o los mismos, con otros atuendos, y por intereses dispares, pero siempre sobre la base del egoísmo, frente al cual siempre saldrá victorioso Don Quijote. Lleva siglos así. ¡Y los que les quedan! No apuesten.
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