Algunos libros son para el verano
Aún recuerdo el día que compré este libro. Fue en la Feria de Editores de Buenos Aires. Fue una experiencia muy enriquecedora. En esas ferias se respira amor a los libros, curiosidad por títulos desconocidos, algo de pudor al coger ejemplares ante la mirada del librero o el editor de turno y vergüenza al devolverlos a su sitio. Otras veces compras. Yo compré este en el puesto de la editorial Adriana Hidalgo. Aquí en España trabaja bajo el nombre A. hache. Allí compré a un precio muy asequible esta edición de Big Sur, de Jack Kerouac. La editorial lo tiene editado desde 2001, yo llegué a él en la 7ª edición. Se trata de una edición cuidada (incorporan el poema Sea en inglés al final del texto) y respetuosa con el estilo de Kerouac (se respeta la puntuación y el uso del guion largo). Este libro se publicó originalmente en 1962, cinco años después de su obra más conocida, En el camino. En el camino es uno de los primeros libros de cualquier avezado lector. Diría que la mayoría lo hemos leído en algún momento de nuestra vida y todos lo hemos disfrutado. Si aquella nos pareció experimental, con Big Sur Kerouac sube la intensidad estilística a cotas exosféricas.
En Big Sur, Jack Duluoz (Kerouac) ha publicado una novela (En el camino) que ha alcanzado un gran éxito, pero la fama lo devora. Huyendo de la imagen que los críticos y los lectores se han forjado de él, en junio de 1960 se refugia en una cabaña que su amigo Lorenzo Monsanto (Lawrence Ferlinghetti en la vida real) tiene en la costa californiana de Big Sur, entre San Francisco y Los Ángeles, donde medita, sufre alucinaciones, escribe poemas místicos, bebe como un cosaco, recibe visitas, se droga y evoca el pasado. También hace excursiones y va a ver a su viejo amigo Neal Cassady (su compañero de aventuras de En el camino, que aquí se llama Cody Pomeray). Sus encuentros con los antiguos amigos no carecen de consecuencias, pues todos excepto él, parecen haber aceptado los convencionalismos del mundo en que viven. La estancia en Big Sur es una prueba de fuego, un purgatorio o uno de los transitorios infiernos budistas que le permitirán volver a la civilización completamente transformado. Su amigo y compañero de aventuras Allen Ginsberg dice de este libro que era “un relato preciso y humano de los estragos del delirium tremens alcohólico sobre Kerouac, un novelista superior que tuvo la fuerza suficiente para completar su narración poética, tarea que pocos autores han podido realizar en tales condiciones. Encontraremos aquí a la Generación Beat, a los poetas de San Francisco y reconoceremos al héroe Dean Moriarty diez años después de En el camino” (Ginsberg cuenta desde la escritura del libro en 1951, y yo antes puse el año de publicación 1957).
Algunos libros son para el verano. Y Big Sur es uno de ellos. La locura transitoria y alcohólica de Kerouac es más llevadera sin prisa, en una tumbona de una playa, con un daikiri rojo o una lata de cerveza bien fresquita. Este libro en otoño o en invierno te aboca al precipicio. Porque a veces la lectura cuesta seguirla, porque otras veces no tiene sentido, porque cuesta ubicar el tiempo y el espacio y porque da la impresión de que Kerouac no quiere que le sigas a todas partes. Los expertos lo llaman «prosa espontánea» o «kickwriting» y se caracteriza por una escritura fluida y sin interrupciones, buscando capturar el libre fluir del pensamiento y la oralidad, incluso a expensas de la corrección gramatical o la puntuación tradicional. Y, a veces, a expensas del TOC del lector. Pero es divertido, lo reconozco. Kerouac es otra droga. Kerouac engancha. Lástima que muriera tan joven (47 años, sí, ya lo siento joven), porque nos dejó pocos libros. Y hay que dosificarlo, distanciar su lectura, dejarla para los veranos y flipar con su vida de excesos y cultura underground.
¡Nos vemos en la próxima reseña!