Paco Gómez Escribano es una de las voces más auténticas y reconocibles de la novela negra española contemporánea. Con una obra que se mueve entre el realismo sucio, la denuncia social y una profunda honestidad narrativa, su literatura es puro extrarradio, cargada de ritmo, verdad y personajes rotos. Después de la derrota, finalista del Premio Cartagena Negra 2025, es una historia breve, afilada, sin redención, que entronca con la tradición del noir más descarnado. Hablamos con él sobre literatura, barrio, códigos rotos y el oficio de escribir.
¿Te apetece leer la reseña de Después de la derrota? Por aquí la tenemos.
El sentido de la derrota
- Después de la derrota es, aparte del título, una declaración de intenciones, un punto de partida, una condición. ¿Qué derrota había que narrar aquí? ¿Qué fue lo primero que te empujó a escribir esta historia?
Es un título abstracto, que en principio no dice nada del contenido, lo contrario de mi anterior novela, Narcopiso. Las derrotas son las del que fracasó (el Chule), la del que está fracasando (Zip) y la del que va a fracasar (el Nico). Quise desde el principio hacer una historia carcelaria, pero no me daba. No he estado en la cárcel, de momento. Así que primero fue la historia del Chule. Después se me ocurrió lo del atraco al banco y la historia de Zip.
- La novela transmite un tono terminal, donde los personajes ya parecen saber que no hay redención. ¿Es tu forma de mirar el presente o tu manera de enfrentarte a la literatura?
Es que no hay redención para nadie. Esta vida acaba mal, por mucho que nos empeñemos en sonreír y en soñar. Yo actualmente y más que nunca vivo el día a día, por lo que pueda pasar. Por edad, últimamente, no salgo de los tanatorios. El panorama internacional tampoco ayuda mucho a ser optimista.
El barrio como escenario y destino
- Canillejas sigue siendo tu escenario habitual, y ya se ha convertido casi en una patria herida, una escuela criminal, un refugio y una condena. ¿Qué representa este barrio para ti como autor y como narrador?
Fue uno de los pocos sitios donde mis padres, inmigrantes manchegos, pudieron comprarse un piso y aun así se la jugaron. Lo de pagar a plazos era extraño. Otros no tuvieron tanta suerte. Por tanto, para mí y todos los de mi generación, representa la pérdida de nuestras raíces. El barrio había que verlo, sin ningún tipo de servicio, lleno de descampados, perros callejeros ratas, etc. Es verdad que se ha convertido en mi patria literaria y mantengo con él una relación de amor-odio. Pero es simplemente un lugar geográfico y social en donde sitúo a mis personajes que son muñecos rotos, hijos de una época que no debió existir, la de la heroína, el paro y la desesperanza.
- Hay códigos, lealtades, jerarquías, traiciones. ¿Crees que el barrio, como lo narras, funciona con las mismas lógicas que una tragedia clásica?
Con matices, pero sí. Hablando de Grecia, Aristóteles, en su Poética, aboga por la trama compleja como forma directa de conectar con el público y porque esta provoque en el mismo temor o piedad, porque eso mantendrá al lector más atento a la trama. Por tanto, hay tres formas de trama que deben evitarse: un buen hombre no debe pasar de la felicidad a la desdicha, un mal hombre no debe pasar de la desdicha a la felicidad y un hombre extremadamente malo no debe deslizarse de la felicidad a la miseria.
Al lector La primera situación sencillamente le resulta odiosa. La segunda no apela a los sentimientos humanos ni a nuestra piedad ni a nuestro temor. Tampoco la tercera. Esto está bien como pauta general. Ahora bien, la novela negra y la novela enigma son complementarias.
La primera situación no es válida para hacer una novela enigma donde el héroe consigue los objetivos y vuelve a la realidad ordinaria con el elixir. Sin embargo, es perfecta en una novela negra en donde el antihéroe comienza un descenso a los infiernos, un camino de autodestrucción, de huida hacia adelante como en las novelas de David Goodis o de Jim Thompson. Ahora bien, lo que va a conectar con la mayoría de lectores es lo contrario, el paso de la desdicha a la felicidad de un buen hombre. Por eso la novela enigma tiene muchos más lectores que la novela negra. Es una cuestión de la interpretación que hace el cerebro de un relato.
La segunda situación tampoco se cumple en novela negra. De hecho, es bastante común que personajes mezquinos vayan ascendiendo en la cadena del delito y acaben triunfando acaparando dinero y poder.
La tercera situación tampoco se cumple en novela negra. Pongamos como ejemplo la adaptación al cine del relato de Mark Helleinger titulado The World Moves On que derivó en la película Los violentos años veinte. La película narra la ascensión y caída del gánster Eddie Bartlett (James Cagney), dedicado al contrabando de licor en la época de la Ley Seca. Pobre como una rata, Bartlett va ascendiendo, y el director, Raoul Walsh, consigue que el espectador empatice con él hasta cierto punto, porque es un asesino, es decir, el hombre extremadamente malo que finalmente cae, deslizándose de la felicidad a la miseria.
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Lenguaje y estilo: la ética de la forma
- Tu prosa es directa, sin adornos, pero con ritmo. Cortas las frases como quien dispara. ¿Cómo trabajas ese lenguaje seco, eficaz, brutal?
Me cuesta poco, la verdad, He vivido mucho en la calle, por tanto, no tengo que correr mucho para los diálogos y las frases. Hombre, si tuviera que escribir una novela de narcotraficantes mejicanos y el FBI me costaría más.
- La novela es corta, precisa, sin concesiones. ¿Tenías claro desde el principio que debía ser así? ¿Hay una ética detrás de la forma?
Tú lo has dicho. Cuando escribes una novela negra no solo has de elegir el tema. Entre otras cosas, tienes que decidir quién narra, personajes, cómo vas a contarlo, el tono y el cuánto. El cuánto va a definir el ritmo, y el del género negro siempre es rápido. Si vas a vender una novela negra y te salen 800 páginas es que te has equivocado. Una novela negra que se precie debe de tener entre 200 y 300 páginas. Luego te saldrá mejor o peor, pero si escribes mucho te cargas el ritmo de la narración. Y sin ritmo no hay novela negra. Y sí, hay una ética detrás de la forma.
- ¿Qué fue lo más difícil de escribir? ¿Y lo más inevitable?
Bueno, en este caso lo más difícil fue la estructura. La trama del atraco está escrita en presente y la de los recuerdos de Zip en pasado, ambas en primera persona. La trama del Chule con Zip está escrita en segunda persona. Esto no estaba planeado así desde el principio y me trajo de cabeza porque estas virguerías a la hora de narrar no son fáciles. Como no lo hagas bien volvemos a la respuesta anterior, se rompe el ritmo y adiós. Lo inevitable fue volver a mis tipologías de personajes para contar lo que quería.
Voces marginales y tensión generacional
- La historia está tejida con personajes que vienen de la cárcel, del fracaso escolar, de las calles. ¿Qué buscas al darles voz sin edulcorar ni justificar?
Mostrar una realidad que existe, aunque mucha gente no lo sepa. Y efectivamente los muestro como son. Mis delincuentes hablan como delincuentes y mis antihéroes hablan como fracasados, como perdedores, es parte de la caracterización. Si no fuera así no resultarían creíbles. A mí me pasa lo que, a muchos de ellos, por ejemplo, Zip o el Roberto. Tengo carrera universitaria y soy del barrio o sea que puedo hablar como un estirado o como un macarra. Creo que es un error, como veo en muchas novelas, que los delincuentes hablen como si se hubieran sacado el bachillerato en los maristas.
- Hay una tensión generacional constante: los códigos del hampa ya no valen, las nuevas mafias son otra cosa, el respeto se ha convertido en espectáculo. ¿La novela es también un ajuste de cuentas con el presente?
La tensión generacional existe, claro y así lo he intentado plasmar en las relaciones de Zip con los atracadores. Los códigos de barrio, la lealtad o la no delación pasaron a mejor vida con la heroína. Los yonquis empezaron a robar las joyas a sus abuelas. Si no respetaban a los mayores de la familia, ¿cómo iban a respetar a sus amigos? Además, ahora la tecnología lo ha cambiado todo. Aleccionan a los jóvenes, que dan por hechas cosas que no son. En un capítulo, los atracadores yonquis llevan la bandera de España en las mascarillas, igual que los policías que vienen a detenerlos, como si fueran del mismo bando. Obviamente no lo son.
- En la última página no hay redención. ¿Eso es una decisión estética o un reflejo de la vida?
Las dos cosas. Ya lo he dicho, la vida acaba mal para todos. Sonreímos, viajamos, tenemos hijos, vamos al teatro o al cine, pero al final, vamos a morir. La vida no es un cuento de hadas, por mucho que se empeñen Disney o El Corte Inglés. Sin embargo, la derrota, el fracaso o el desencanto tienen una cierta belleza estética. Los poetas lo saben. Muchos escritores de novela negra también son o fueron poetas. Y esto se ha utilizado en el género desde siempre. Hablo de novela negra, no de novela enigma. Son cosas antagónicas.
Género, referencias y mercado
- ¿Qué relación tienes hoy con la novela negra? ¿Sientes que escribes dentro del género o lo usas como excusa para hablar de otras cosas?
He leído novela negra desde siempre. Cada vez más. Yo creo que me ha hecho mucho daño, porque ahora leo cualquier otra cosa y me aburre. Te pongo un ejemplo. Cuando leí Última salida para Brooklyn, de Hubert Selby Jr., dejé de leer un tiempo. Porque la sensación que me quedó fue la siguiente: «¿Y ahora qué coño leo?». No sé si me explico. Lo que le pido a la literatura como lector es que me haga sentir. Yo no quiero que me hablen del pelo suave del burrillo Platero. Quiero que me hablen de por qué una persona mata por dinero o por qué otra compra un edificio con los vecinos dentro para echarlos. Por otra parte, me interesa mucho la teoría del género, las tendencias, los escritores. Y sí, también el género negro es la excusa perfecta para montarme una trama sobre un tema que quiero desarrollar a través de la ficción.
- En tu obra hay mucho de realismo sucio, de noir clásico, pero también de denuncia social. ¿A quién sientes más cerca: a Thompson o a Juan Madrid?
Jim Thompson es un escritor al que admiro. Creo que es uno de los mejores de la segunda generación de escritores americanos. Pero mis novelas están mucho más cerca de las de Juan Madrid, sin ninguna duda. Me encanta también el realismo sucio. Me fumé todos los libros de Bukowski, Carver, Fante, etc. Intento maridar realismo sucio y novela negra en una misma cosa. Al fin y al cabo, ambos géneros comparten muchas cosas: protagonistas perdedores, no tiene por qué haber restablecimiento del orden, etc.
- ¿Crees que hay espacio para este tipo de novela —dura, sin esperanza, sin héroes— en el mercado editorial actual?
En absoluto. A la gente les han metido en la cabeza lo de los thrillers trepidantes. Ya sabes, esas historias en las que matan a un abogado en Nueva York, un cardenal se ahorca en Roma y una mujer aparece descuartizada en las inmediaciones de Londres. Ah, y aparece un manuscrito que cambiará el destino de la humanidad. Esta es la pauta, es decir, la de la novela enigma, solo que ahora en vez de haber un misterio hay cinco o seis. No hay literatura en eso, no encuentras ni una metáfora ni ninguna reflexión interesante de los personajes. Antes hablaba de Aristóteles y yo creo que la gente tiene una mente muy aristotélica, es decir, que lo que busca son historias con planteamiento-nudo-desenlace y con final feliz. Esto y que tampoco tienen tiempo de pensar más debido al trabajo, la hipoteca y los niños. Pero para mí eso no es literatura. Como en tantas otras cosas, voy un poco al contrario que todos. Si existe el tipo de literatura que yo hago es porque hay editores valientes e independientes que se la juegan y por los lectores, obviamente. Sin esto no hay nada.
Cine, música y lo que queda
- Después de la derrota suena a rock, a barrio, a bares cerrados y sirenas de fondo. ¿Qué música está detrás de esta novela?
Casi todas mis novelas tienen una banda sonora. La implícita o la que yo escucho mientras escribo y la explícita, la que sale en la propia trama. En este caso, mientras escribía, me ha dado por escuchar a Coldplay, Maniac Street Preachers y a James Dean Bradfield. Sin embargo, hay un tipo de música específica que escuchan los atracadores en el banco mientras se soluciona el tema de los rehenes, el rap, por una cuestión generacional. Así, suena, entre otros, Elso Rodríguez, un rapero de culto de Portugalete.
- Si esta historia fuera una película, ¿quién la dirigiría? ¿Quiénes podrían ser sus actores principales?
Pues creo que podrían dirigirla Rodrigo Sorogoyen o Daniel Calparsoro, con guion de Michel Gaztambide, por ejemplo. Y como actores vendrían bien Luis Zahera, Luis Tosar, María Rodríguez Soto, Diego Anido, Macarena García, Enric Auquer y Carolina Yuste. No está mal ¿eh?
- No, nada mal. ¿Qué te queda dentro, como autor, después de escribir esta novela?
Pues de momento otra novela de la que estoy dando los últimos toques que saldrá en octubre también con Alrevés y que se va a titular Fondo buitre. Este título es más explícito, más abstracto, no tan poético. Y como todo el mundo puede imaginar irá de corrupción inmobiliaria. A partir de ahí no puedo decirte más. De momento, voy a tomarme un descanso. ¿Hasta cuándo? Ni yo mismo lo sé.
Lo que permanece
Paco Gómez Escribano escribe desde la calle, pero también desde la herida. En Después de la derrota no hay héroes ni redención, pero sí hay verdad, lenguaje, barrio y ritmo. Y eso, hoy, también es literatura.