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    Entrevista a Benito Olmo por Tinta y fuego, finalista del Premio Cartagena Negra 2025

    Benito Olmo (Cádiz, 1980) se ha consolidado como una de las voces más personales del thriller español contemporáneo. Autor de títulos como La maniobra de la tortuga, El gran rojo o Los días felices, su narrativa se caracteriza por un ritmo implacable, personajes heridos y una mirada crítica hacia las zonas más oscuras de la sociedad. Traducido a varios idiomas y con adaptaciones cinematográficas, Olmo ha logrado conectar con miles de lectores a través de historias que combinan intriga, tensión emocional y profundidad humana.

    Con Tinta y fuego, finalista del Premio Cartagena Negra 2025, firma su novela más literaria, más reflexiva y también más arriesgada: una historia de bibliotecas perdidas, crímenes sutiles y personajes que arden por dentro. La entrevista que sigue es también una invitación a mirar entre líneas, a leer con las yemas de los dedos lo que no se dice. Porque hay novelas que se leen. Y otras, como esta, que se rastrean.

    Si, antes de meterte de lleno en la entrevista, quieres leer la reseña sobre el libro, vente a verla.

    Benito Olmo: tinta, fuego y libros como botín

    El origen de la novela: un libro robado y una biblioteca desaparecida

    • La novela se abre con una preciosa cita de Fernando Marías: “Escapo de esta página. Solo hay ceniza en ella. No puede arder lo que ya ardió.” ¿Recuerdas cuál fue la primera imagen que encendió Tinta y fuego? ¿El fuego vino antes que la tinta?

    Todo comenzó a raíz de una noticia del periódico La Nación: «Libro robado por los nazis, restituido a una familia de escritoras argentinas.» A través de esa noticia, descubrí el saqueo de libros perpetrado por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial y la existencia de un grupo de bibliotecarios que se dedica a identificar libros robados y devolverlos a sus legítimos dueños, o a sus herederos. Me trasladé a Berlín para hablar con ellos y me quedé tan maravillado por su labor que decidí escribir Tinta y fuego, que es un canto de amor a los libros, a la lectura y a las bibliotecas

    • La estructura es audaz: siete bloques y un epílogo, con escenarios que van de Madrid a Roma pasando por Berlín, Cádiz o Breslavia. ¿Cómo trazaste ese mapa narrativo? ¿Qué buscabas al superponer lugares, tiempos y voces?

    Quería construir una novela de aventuras que se disfrutase como un cómic de Tintín o una película de Indiana Jones. En Tinta y fuego hay un tesoro escondido, en este caso una biblioteca robada durante la Segunda Guerra Mundial, y un grupo de aventureros que recorren media Europa para encontrarla. Mi intención era que los lectores se sintieran parte de la aventura, que viajaran con los protagonistas a todos esos lugares y experimentaran la misma emoción que ellos al dar con alguna buena pista o con un testigo inesperado.

    • El núcleo del libro es real: el robo sistemático de libros judíos durante el Tercer Reich, y en particular la Biblioteca de la Comunidad Judía de Roma, todavía desaparecida. ¿Cómo llegaste a ese episodio histórico, y qué te movió a construir una novela en torno a él?

    Durante mi investigación sobre el saqueo de libros cometido por los nazis, di con muchos sucesos interesantes, pero la desaparición de la Biblioteca Judía de Roma fue el que más me fascinó. La idea de una biblioteca perdida de más de 7.000 ejemplares, un enigma que seduce a bibliófilos y coleccionistas de todo el mundo, era demasiado estimulante para dejarla pasar, de modo que me arremangué y construí una ficción en torno a este suceso real, lo que me permitió elaborar mi propia hipótesis sobre el paradero de esta biblioteca.

    • La idea de una biblioteca reconstruida a base de crímenes es poderosa. ¿Crees que el fetichismo por el objeto-libro puede llegar a ser tan peligroso como el fanatismo ideológico?

    Lo es, sin lugar a dudas. Para documentarme, me sumergí en el mundo de la bibliofilia y descubrí que esta forma de coleccionismo tiene más que ver con las pulsiones de unos y de otros que por el amor por los libros. He oído historias de bibliófilos capaces de prender fuego a ediciones enteras, para quedarse con un sólo ejemplar y que sea único. Esto es un fiel reflejo de las pasiones que levanta esta afición.

    Aventuras, crímenes y obsesiones: una búsqueda entre géneros

    • El lector viaja de la crónica personal al thriller histórico, del noir urbano a la ficción de ideas. ¿Te impones límites de género cuando escribes? ¿O partes, como Greta, del rastro que dejan los libros?

    Cada historia tiene su tono y debe ser contada de una forma concreta. Por eso no me impongo géneros y dejo que la historia encuentre su propia voz, aunque mi ADN está ahí. Escriba lo que escriba, siempre hay guiños a la novela negra más clásica. De hecho, Greta, la protagonista de Tinta y Fuego, no deja de ser una detective muy canónica, aunque en este caso su hábitat natural no son los callejones, los polígonos ni los bares en penumbra, sino las librerías de viejo, los trasteros polvorientos y las bibliotecas antiguas. Es una detective, sí, pero de libros.

    • La novela alterna narradores y tonos. Greta narra en primera persona, pero hay capítulos en tercera, pasajes de acción directa (como los asesinatos), y momentos de investigación íntima. ¿Cómo encontraste ese equilibrio?

    La escritura en primera persona es muy estimulante y me permitía dotar de humanidad a Greta y exteriorizar sus inquietudes. Sin embargo, en los capítulos más genéricos me permití usar un narrador en tercera persona que me daba la distancia necesaria para afrontar ciertos pasajes. Me alegro de que hayas apreciado ese equilibrio, que solo es posible con mucho trabajo de fondo.

    • En Tinta y fuego hay crímenes, asesinatos meticulosos, una investigación, pistas falsas, tensión creciente… pero no es una novela negra al uso. ¿Te interesaba ampliar los márgenes del género?

    Tinta y fuego es la búsqueda de un tesoro perdido y, como tal, debía ser contada como una novela de aventuras, como las de Robert Louis Stevenson o Emilio Salgari. No obstante, la novela negra más pura está en mi ADN y eso se refleja en cada página. El desafío era conseguir un equilibrio entre ambos géneros y conseguir que confluyeran en un thriller que estimulase la lectura y hiciera a los lectores sentirse dentro de esta aventura.

    Pues encontrar el libro en su página web.

    La figura del libro: símbolo, tesoro y reflejo de nuestro tiempo

    • En Tinta y fuego los libros son símbolo, botín, herramienta, refugio, obsesión. ¿Qué representa para ti la figura del libro en esta historia? ¿Se puede escribir una novela negra sobre la destrucción del conocimiento?

    Los libros son un refugio. Nos completan y se quedan dentro de nosotros. Un mismo libro puede tener un significado y un valor muy diferente para dos personas distintas. Hay libros que aborrecí porque llegaron a mí cuando aún no estaba preparado para leerlos, y otros que me acompañaron en momentos muy complicados de mi vida y se quedaron conmigo para siempre. El poder de los libros está ahí, es real, y sólo hay que comprobar que cuando un régimen autoritario se hace como el poder, una de sus primeras medidas consiste en prohibir ciertos libros, por miedo o por ignorancia.

    • El título es lapidario. ¿Fue desde el principio Tinta y fuego o apareció después? ¿Qué contiene, además de esas dos palabras?

    El título llegó casi al final del proceso de revisión del manuscrito. Me gusta la sonoridad que tiene y resume de forma fiel lo que los lectores van a encontrar en esta novela: Tinta, cenizas, libros, bibliófilos asesinados y una detective que se la juega para encontrar una biblioteca perdida.

    • Hay pasajes brutales sobre el mundo del libro: librerías tomadas por influencers, ediciones pensadas como productos de consumo rápido, lectores que fotografían portadas para piratearlas. ¿Es una denuncia? ¿O una constatación?

    Más bien, es un reflejo de los que sucede en cualquier librería de España. No trato de hacer denuncia en mis novelas, sino de mostrar la realidad tal como la veo, y lo cierto es que la situación es desoladora. La gente cada vez lee menos, lo que hace que las librerías lo pasen bastante mal para cuadrar las cuentas. Y luego están las editoriales, que tratan de compensar las pérdidas recortando por donde no es. Ya lo dijo Mario Muchnik: «El contable se ha convertido en el jefe de la editorial.»

    • ¿Qué lugar queda para el lector que no busca consumir, sino comprender?

    Ese lector siempre va a estar ahí. Soy muy optimista a este respecto y creo en el milagro de los lectores que respaldan novelas como La península de las casas vacías o ensayos como El infinito en un junco, que a priori no fueron concebidos como éxitos editoriales, pero mueven cifras de lectores muy importantes. Esos son los lectores que interesan, los que siempre van a estar ahí para premiar el trabajo duro.

    • ¿Crees que el mercado editorial —tal como lo retratas— tiene todavía capacidad de proteger a los libros que no “venden bien”?

    El mercado editorial, como su propio nombre indica, no tiene ni el interés ni la obligación de proteger a nadie. Como mercado, es despiadado y se mueve por números. Como autores, resulta fundamental aislarse de este pesimismo y centrarnos en escribir lo mejor posible. Que cuando un lector agarre una de nuestras novelas, no pueda soltarla. Que cuando alguien la recomiende, no resulte un fiasco. Esa es nuestra batalla, y no otra.

    Personajes al límite: Greta, Marla, Oleg y los demás

    • Greta es una buscadora de libros raros, sí, pero también una exiliada de sí misma, marcada por un fracaso que la ha dejado en los márgenes. ¿Qué te interesaba contar a través de ella?

    Greta es un personaje muy canónico que me permitió rescatar la figura del «cazador de libros», que tan popular hizo Pérez-Reverte con su Corso. Me fascina la existencia de ese submundo bibliófilo, fuera de los márgenes más comerciales, en el que una encuadernación concreta, unos centímetros de más de margen o el tipo de tinta utilizada pueden hacer oscilar el precio de un ejemplar en varios miles de euros. Como en tantas cosas, en el mundo de la bibliofilia también abundan los desaprensivos y vale la pena conocer sus tejemanejes.

    • Su hermana Marla es hacker, solitaria, certera, una especie de contrapunto racional a la deriva emocional de Greta. ¿La pensaste así desde el inicio o surgió como respuesta narrativa?

    Desde un primer momento tuve claro que necesitaba a un personaje aficionado a la tecnología, que de alguna manera humanizase a Greta y la mantuviera «conectada» al mundo actual. Las webs de subastas de libros, las pujas o los foros de aficionados a la bibliofilia también tienen cabida en esta historia y me resultó muy cómodo que otro personaje se encargara de gestionarlo, para liberar a Greta y permitir que se centrara en la parte más mundana de la investigación.

    • Oleg es un bibliotecario obsesivo, tímido, casi fantasmal. ¿Qué representa su figura en este puzle?

    Oleg complementa a Greta, en cuanto a que tiene todo lo que le falta a ella. Es empático, ingenuo y soñador, y hacen una buena pareja, ya que le sirve de escudero en momentos en los que corre el riesgo de perder la perspectiva.

    • Stratos es lo contrario: un asesino culto, implacable, que clasifica bibliotecas según su valor económico y simbólico. ¿Qué relación tiene con el lector moderno que compra sin leer?

    Como tantos lectores, Stratos tiene la pulsión de hacerse con ciertos libros al precio que sea, sin otro objetivo que compensar de alguna forma la pesada losa emocional que carga a sus espaldas. Eso lo lleva a cometer actos terribles, e incluso algunos de los que no se siente especialmente orgulloso, pero que necesita para conseguir su redención.

    • Herzog, Téllez, Edelmiro Fritz-Briones… todos tienen su propio vínculo con los libros: codicia, nostalgia, poder, redención. ¿Cada personaje es una metáfora del mercado editorial?

    En una novela sobre el mundo de libro, me resultó imposible no reflejar cada elemento del mundo editorial actual. Lo más divertido fue tomar a algunos personajes reales que me parecen muy literarios y convertirlos en parte de la historia. Algunos buenos amigos que salen en las páginas de Tinta y fuego son Sebastian Finsterwalder, Tellez y el librero Juan Manuel Fernández, cuya librería forma parte fundamental de la trama.

    Tinta y fuego dentro de tu trayectoria como autor

    • Si esta novela fuera una biblioteca, ¿qué libro estaría en el estante más alto?

    El juego del ángel, de Carlos Ruiz Zafón.

    • ¿Qué fue lo más difícil de escribir?

    El trasfondo histórico y todo lo relacionado con el saqueo literario llevado a cabo por los nazis. Es un tema apasionante, pero tuve que dosificar la información para no abrumar a los lectores y me reservé muchos datos muy interesantes que, a decir verdad, no aportaban demasiado a la trama.

    • ¿Y lo que más te sorprendió?

    La existencia de un grupo de bibliotecarios que se dedica a localizar libros robados por los nazis y buscar información entre sus páginas que les ayude a dar con sus legítimos propietarios. Marcas, sellos, anotaciones… Cualquier pista puede conducir a la restitución de un libro que ha pasado más de ochenta años separado de su dueño. Me pareció una labor muy hermosa y que bien merecía una novela.

    • ¿Dónde colocarías esta novela en tu trayectoria como autor? ¿Hay un antes y un después de este libro?

    Tinta y fuego ha sido un salto al vacío, algo diferente a todo lo que he escrito hasta ahora. Quería demostrarme a mí mismo que podía contar esta historia y estoy bastante satisfecho con el trabajo realizado.

    • Tus obras anteriores (como El gran rojo o La maniobra de la tortuga) están más marcadas por lo policial o lo criminal. Aquí hay más pasado, más silencio, más texto subterráneo. ¿Te has permitido escribir de otro modo?

    Pues sí, y no me ha resultado nada fácil. En el género negro, la información está bien dosificada, pero en una novela con tanta información histórica es imprescindible hacer algunas referencias y contar algunos hechos del pasado para que los lectores puedan situarse en la acción. Eso ha sido lo más complicado: lograr un equilibrio y que la información administrada fuera pertinente, para no abrumar al lector y darle motivos para seguir leyendo.

    • ¿A qué autoras o autores sentiste cerca mientras escribías Tinta y fuego?

    ¡Muchos! Al tratarse de un libro sobre libros, fueron muchos los autores que me acompañaron en este camino. Por citar solo a unos cuantos: Carlos Ruiz Zafón, Jesús Marchamalo, Almudena Grandes y Patricia Highsmith, autores imprescindibles y que recomiendo fervientemente.

    • Si Greta pudiera hablarte, fuera del texto, ¿qué te reprocharía?

    Sin duda, que mantuviera la verdad oculta hasta la última página de Tinta y fuego, que es cuando se descubre todo el pastel.








    BEnito Olmo, Cartagena negra, Tinta y fuego





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