La aparente sencillez de este librito esconde un tratado sobre literatura y política
Hay personas que imponen y cualquier acercamiento a ellas se hace desde la pequeñez y la sensación de inferioridad. Para mí, por las veces que he tenido la oportunidad de escucharle, Bértolo es una de esas presencias (literarias) imponentes. Su criterio siempre será mejor que el mío; más formado, más mordaz, más certero, más profundo y más satírico que el mío. En el caso de El sentido del rencor, editado por Delirio en 2021, la sensación de inferioridad viene determinada por la capacidad de Bértolo para sintetizar ideas complejas en pocas palabas. Mi padre repetía una frase – no he sabido con certeza a quién pertenecía- que me pareció siempre muy acertada: “la cortesía del maestro es la claridad”, y en esas condiciones, Bértolo es un maestro.
El sentido del rencor es, como dice Ignacio Echevarría en el prólogo, un librito. Un librito que recoge tuits de Constantino Bértolo seleccionados por el propio Echevarría. En sus apenas sesenta páginas, contiene todas las caras del poliédrico editor y crítico literario: del editor al marxista, del socarrón al dogmático, de lo categórico a lo poético, sin que ninguna de estas consideraciones se excluya entre sí. Desde acertadas advertencias (“Tengamos cuidado: la idiotez ajena no nos hace inteligentes” o “Convendría recordar de vez en cuando que una persona competitiva no es siempre ni mucho menos una persona competente”) a cuidados consejos (“Casi siempre ir con la verdad por delante es una forma de esconderse”), pasando por reflexiones políticas (“Ganarse la vida. ¿En qué nos han convertido para que aguantemos frases como esta?” o, permitidme que destaque una de carácter educativo, “José Antonio Marina: los profesores buenos no deberían cobrar lo mismo que los malos. Lo que en realidad legitima que haya profesores malos”), sin que falten las puramente literarias (destaco tres muy divertidas, “Hoy en su columna, particularmente breve, Vila-Matas solo cita a Susan Sontag, Francis S. Fitgerald, Cervantes, Flaubert y Bolaño. Sobrio”; “Hace meses que decidí leer solamente aquellas novelas que hubieran puesto mal en algún suplemento literario. Llevo meses sin poder leer alguna”; “Librear caminar por las mesas de novedades, hojear este y ese y aquel, finalmente no comprar ninguno”). En el librito se intercalan pequeños textos ensayísticos que, aunque contengan más palabras, muchas veces no son tan lúcidos como los tuits. Si tuviera que quedarme con alguno de esos textos creo que destacaría Una historia de poder y Generación del 68, que quizás sean los que mejor representen la mirada satírica de Bértolo.
Una mirada inteligente y burlona que es la que empequeñece al lector, la que mengua el criterio de los demás y la que convierte a Bértolo en un referente literario y político. Algo que seguramente él rechace por vanidad, pero que no le queda más remedio que aceptar y gestionar. De hecho, sospecho, quienes estamos en Twitter/X lo hacemos por mostrarnos, por enseñarnos, por sentar cátedra e intentar cagar sentencias que los demás halaguen o hagan suyas. Las de Bértolo desde luego merecen al menos ser leídas y pensadas. Desde luego, la brevedad ayuda a su mayor alcance, ojalá sirva este librito para llegar donde no llega X y para que la aparente sencillez de las frases haga mella en sus lectores. Para eso y para pasarlo bien leyendo a Bértolo sirve este librito. ¡Ah! Y una cosa más: Delirio sigue maravillando al mundo con sus libros cuadrados.
¡Nos vemos en la próxima reseña!