Mi querido Sr. S, me disculpo por lo que le escribí la otra tarde, sólo estaba siendo sincera conmigo misma y escribiendo todo lo que se me venía en la mente.

Sí en algún momento le ofendí con tales aseveraciones, le ruego me disculpe, pero no creo haberlo hecho; si turbé su calma y su quietud de usted, lo siento, esa no era mi intención.

Y así como esta segunda carta no pensaba escribirla, lo haré y lo haré para poner punto final definitivo. Aclaro lo siguiente, todo lo que yo escriba o describa o plasme en estas letras, son exclusivamente emanadas de mi inquieta imaginación, la libertad de mi pensamiento es infinita, así como me puedo imaginar una vida completo con un extraño, lo puedo hacer con cualquier sencillez de la vida, de las cosas y de las personas.

Ya no quiero que se sienta aludido, si se siente inquieto por lo que le escribo, páselos de largo y haga caso omiso de las publicaciones, no todos le aluden. Yo una simple mujer mortal, trata de escribir para sacar todo lo que piensa y todo lo que siente, de ninguna manera pretendo describir o desequilibrar su paz, que es muy importante para usted, de ninguna manera.

Siéntase olvidado con esta última carta, ha quedado claro que mis pensamientos los tengo que escribir en su justa dimensión, y esa dimensión es nunca jamás volver a tocarlo ni con una letra del teclado de mi computadora, no se preocupe, de ahora en adelante escribiré historias estúpidas de la vida cotidiana, pero nada, nada que exprese algún sentimiento absurdo mío.

Se me acaban las ideas para dedicarle a usted, se ha ido, es como una puerta del olvido que se abre, para cerrarse y nunca abrirse jamás.


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Brenda Moc

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