En una mañana intransitable,
conocí un mundo sucio.
Inventa mi frente esa mañana
y este mundo de olvido y cansancio.
La vida resbala por la acera
entre esas calles vacías,
en tanto yo camino la distancia
entre una palabra y otra,
momentáneo derroche de luz,
plaza de violencia y hastío.
Lugar solitario, barrio dormido,
calles llenas de recuerdos y putas,
de putas…
putas ideas baratas.


¿Vivir la vida de forma correcta?
¿Cambiar al mundo?


Reflexión pervertida,
esas son las preguntas que flotan
en el gran río de mierda.
Pero no hay forma,
hay sólo fondo,
y yo ya lo he tocado…
Mierda hecha tiempo,
tiempo hecho odio,
odio hecho cuerpo.
Y gira el mundo, gira,
se escurre a través del caño,
por ahí se han colado mis sueños,
entre los años…
esos bastardos…
esos…
se lo han quedado todo.


Naturaleza muerta,
humanidad muerta,
signos rotos,
hombre roto,
soy la abyección justificada en excesos,
nunca es suficiente,
resaca del alma,
fragmentos de miseria.
Soy el veneno que pudre el lenguaje
y lo transforma,
y lo deforma y lo masturba,
prisionero de placeres vacíos,
esclavo de la satisfacción urgente,
frenesí necesario.
Alguna vez fui bueno,
alguna vez…
fui feliz también.


¿Quién soy sino la voluntad perdida?
¿Quién soy sino la realidad violenta?


Vomité mi fastidio en la acera.
Entre risas y burlas,
vomité también sobre mí.
Sigo caminando, avanzo…
es mediodía en este mundo perfecto…
en silencio, me contemplo,
escucho las suaves tentativas
y las tentaciones de la costumbre,
ah, desearía tanto estar muerto…
desearía tanto un poco menos…
pero en este instante tengo un orgasmo violento.
Sonriendo miro mi complacencia
y mi voluntad adormilada,
hay un dulce abandono en la sangre
y el suave sopor de saberme perdido.


Caminando he llegado al lugar
en donde converge la luz,
las mentiras son hermosas
porque siempre suenan bien,
ahora río y mi cabeza se ha llenado de grillos,
ese frotar de idea contra idea,
ese rezumbar hasta sacar chispas
y se incendie todo
y a todo se lo lleve el diablo.
Arde mi cuerpo en la luz,
luz de un nuevo comienzo,
ahora soy llamarada, ahora sonrío.
Entre las carcajadas de un ebrio,
alguna vez se ahogaron las palabras,
y alguna vez…
existió algo llamado mundo.



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D.R. © 2016, Jorge Alejandro Saavedra Flores, Gejorotto. Astillas. México, Ciudad de México.

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Jorge Alejandro Saavedra Flores

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