Relato Erótico / La fiesta

Relato Erótico / La fiesta

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La Fiesta

Mi nombre es Lucía, tengo 36 años, soy de la ciudad de México, bueno, aunque en realidad vivo en Nezahualcóyotl, en el estado de México. El lunes pasado nos invitaron a mi esposo Raúl y a mí a una fiesta en Sta. Fe, lo que sucedió esa noche marcaría un cambio en toda nuestra relación…

Yo estaba ilusionada con ir porque nos había invitado una amiga que yo tenía desde la preparatoria, ya teníamos un tiempo de no vernos, sólo hablábamos por teléfono, mi esposo estaba también muy contento de ir, llevamos ya años de casados y no tenemos hijos, mi esposo no puede tener hijos por su esterilidad. En la calle yo vivo el acoso constante de los hombres, a mí me gusta mucho mi cuerpo, aunque mi cara no mucho, no soy muy agraciada de ahí, pero de mi cuerpo puedo decir que siempre me ha encantado, me erotiza saberme deseada. Mis pantalones y vestidos me quedan demasiado ajustados, pues tengo nalgas y piernas grandes, mi cintura no es de avispa pero no la tengo tan abultada, mis medidas son 87 – 67 – 120, mido 1.74, soy de tez clara, trabajo como vendedora de mostrador en una zapatería, cuando me agacho para enseñarle algo a los clientes, he notado que tanto mujeres como hombres me voltean a ver, pero no soy una exhibicionista descarada.
Ese día estaba muy inquieta, la cita era a las cinco de la tarde y mi esposo no llegaba, él regularmente se lleva el coche pero ese día no se lo llevó, no es un auto súper nuevo, pero nunca nos ha dejado mal. Vi la hora y como no me gusta llegar tarde, comencé a preocuparme un poco, yo no estaba vestida adecuadamente, tenía puesta unas licras súper embarradas, una blusa sport ombliguera, y como los calzones de bikini siempre me han parecido incómodamente ajustados, porque me siento como amarrada, prefiero el uso de tanga, mis nalgas se sienten más libres, pero con esas licras se me transparentaban mucho las piernas y las nalgas, y más porque mi piel es clara, esas las uso solo para ejercitarme o andar en la casa y cuando salgo así me pongo un short.
Justo cinco minutos antes de las tres de la tarde, me llamó Raúl que no iba a poder llegar a tiempo porque en el trabajo se había accidentado un trabajador y lo tenía que atender, Raúl es el médico de la empresa y tuvo que quedarse, llegaría en taxi más tarde, me pidió que me fuera en el coche y que allá nos veríamos, como la posada era en la casa de mi amiga de la preparatoria, le hablé y le pedí de favor que me dejara vestirme en su casa, ya tenía guardado lo que me iba a poner, así que ahora tenía un poco más de tiempo para llegar, como ya no quería perder más tiempo ya no me cambié y me quedé con lo que traía puesto, la blusa, las licras azules marino extremadamente transparentes y una tanga negra que se veía pero demasiado, era tal la transparencia que mejor me puse un suéter en la cintura amarrado, así nadie vería.
Cuando ya iba de salida tocaron la puerta, era Jonathan, el vecino, un hombre como de 45 años, flaquísimo, moreno alto, pero es un pervertido de primera, aunque tiene cara de no rompo un plato, lo había sorprendido muchas veces espiándome o mirándome con lascivia, nunca le reclamé nada ni le comenté a Raúl, de alguna forma su actitud me ofende, pero también me halaga. Le pregunté qué era lo que quería porque llevaba prisa y me dijo que Raúl lo había invitado a la fiesta, intenté llamar a Raúl pero no me contestaba, así que le dije que pasara y se sentara, pero no me di cuenta que el suéter se había atorado con la puerta y al cerrarla este se jaló y se rompió, el suéter quedo colgado y era una prenda que me gustaba mucho, me tapé de inmediato las nalgas con las manos, pero de todas maneras con lo transparente de la licra y la blusa hasta al ombligo, Jonathan se dio cuenta con mirarme de frente qué tipo de ropa interior traía, me comía las piernas con la mirada, pero era una mirada con impresionante expresión de morbo descarado, me di media vuelta e intenté cubrirme
– ¡Ay qué pena, perdón!.- voltee a verlo y vi el espejo de la pared y aunque no me agaché mucho, vi que se transparentaba mucho la tanga, y se me veían unas mega nalgas, abrí la puerta y saqué el suéter, me acerque y le di las llaves del coche y le dije que me esperara ahí, el salió y yo me fui a mi cuarto a sacar mis cosas y al entrar sentía una cierto temblor en mis piernas, me di cuenta que me había gustado la forma en que me miró Jonathan, esa mirada pervertida llena de lujuria, volteé al espejo de mi tocador y me bajé un poco la licra, me quedé como 5 segundos viéndome las nalgas entangadas, y me acordé de cómo me vio, y me volvió de nuevo el temblor, mis pezones estaban muy erectos, de vergüenza y morbo, me dije a mi misma, “nunca le enseñado las nalgas a alguien mas que a mi esposo, siempre me excitó la idea de hacerlo, de exhibirme un poco, pero siempre me reprimí”. Decidí salir así, iba en carro, y solo Jonathan las había visto, así que, no pasaría nada.
Llegamos a la fiesta, fuimos casi los últimos en llegar, medio me tapé y me metí rápido al cuarto de mi amiga y en eso ella me alcanzó y me dio una caja, la caja tenía un vestido negro precioso de espandex.
– Mira, es un regalo para ti, anda, lúcelo en la fiesta tu que tienes el cuerpo, estas muy buenota amiga.- me quedé con el vestido puesto solamente que la falda era demasiado corta, digamos que me lucían las piernas, pero aún tenía mis complejos acerca de exhibirme, además de algo de frío, las amigas de mi amiga, se me quedaban viendo medio feo, pero me dediqué a divertirme, ya ni decir de sus maridos, Todo transcurrió con normalidad, Raúl me llamo como a las ocho de la noche que siempre no iba a poder llegar desde Ecatepec hasta Sta. Fe, y decidí quedarme hasta las nueve de la noche, todo mi relajo y lo anormal empezó cuando ya nos íbamos, la mayoría de las personas, no traían coche, yo iba a dar un aventón al metro o a ver a donde a algunos amigos, pero mi coche no arrancó, no me explico que pasó, Uriel, el esposo de mi amiga lo revisó, pero no encontró el problema, y yo comencé a angustiarme porque salí tan rápido que olvidé mis tarjetas y mi dinero.
Entonces el esposo de mi amiga y ella se ofrecieron a llevarnos a mí y al vecino hasta nuestra casa en su camioneta. Era una camioneta tipo van que trajo desde EU justamente para cuando salen de viaje, equipada con tele y todo, el detalle es que iríamos apretadísimos ya que éramos varios, lo más raro fue que cuando el esposo de mi amiga revisó mi coche estaba en bata de baño, y para amolarla más, eran puros amigos de él los que irían en la camioneta, puros hombres, al ver eso me sentí bastante incómoda, ya que varios de ellos en la fiesta me aventaban miradas de “te voy a violar”, luego escuche susurrar a mi amiga en sus despedidas “mmmmm la van a manosear toda, que rico”, yo me quedé atónita, no podía creer lo que había escuchado y mejor quise pensar que escuché mal, como de plano vi que no había de otra, decidí subirme y a Jonathan vi que lo subieron en el coche de otro amigo, iría muy cómodo el cabrón, , mientras yo apretada con puros hombres en la camioneta.
Antes de subirme estaba con esa temblorina y ese nerviosismo de nuevo, me paré en la puerta y me dispuse a subir, estaba obscuro adentro de la camioneta y al subir me agarre el vestido para que no se me subiera porque de verdad estaba cortisísimo, mi amiga se me acerco y me dijo, no te preocupes, nosotras viajamos con el grupo de intercambio, no entendí que carajo es el grupo de intercambio, a lo que sonreí y decidí abordar, al meterme estaba todo apretado, luego ya adentro cuando me estaba recorriendo para encontrar lugar, sentí una mano que me tocó la parte baja de la espalda y me dijo una voz .-usted disculpe estamos todos apretados.- pero me tocó perfectamente el contorno resaltado de la tanga, y yo de pendeja en vez de alterarme respondí .-no se preocupe, vamos bien apretados.
Sólo se veían sombras, y vi que había lugar hasta atrás, lo que no vi fue la cavidad de la televisión, al voltear, para sentarme me golpee la cabeza un poco y subí las manos, pero sentí que se me subió el vestido un poco, me agaché un poco más para ya no darme con la tele y una voz me preguntó, .-¿se encuentra bien, no le pasó nada? .- era la voz del esposo de mi amiga, y yo respondí que no, pero quedé bien agachada, pegada a la ventana izquierda de atrás, mientras yo me recuperaba y aun no me sentaba, tres personas más subieron, dejándonos más apretados, cuando me acomodé para sentarme, noté que mis piernas estaban justo en medio de las piernas de Uriel, él estaba abierto de piernas y yo las tenía juntas, me dijo.- siéntese, con confianza, no hay ningún problema.- con una mano me quise bajar el vestido pero fue imposible, me senté y sentí su roce directo de piel, ese hombre estaba desnudo en bata, me entró una temblorina impresionante, un nerviosismo radical, su pene relajado en ese momento, quedó justamente en la raya de mis nalgas, yo temblaba al grado que juro que él se dio cuenta, aunque tenía la tanga que me cubría mis orificios, sentía que su enorme cabeza la tenía justo en la entrada del ano, a lo único que me dijo para encubrir las cosas, .- perdón, salí tan rápido que ya no me vestí adecuadamente.- vil excusa. 
La camioneta comenzó su recorrido y la mayoría dijo que iba para la zona del oriente, entonces decidieron tomar una ruta para dejarlos lo más cerca posible, ya bajando por constituyentes, esta muy irregular la carretera, sentía como frotaba su pene con el movimiento, se le iba parando, cada vez sentía que esa cosa me llenaba mas el culo, a pesar de estar grandísima su cosa, mi cola se lo tragaba como sin nada. Al llegar a Observatorio, estaba un tráfico horrible, Uriel estaba erectísimo, y cinco personas dijeron que bajaban en el metro, faltaban algunos semáforos para llegar y yo sentía lo caliente de ese pene, no pensé en decir nada, parecía una estúpida, solo me llegaba a la mente el recuerdo de mi imagen en el espejo con mis nalgas entangadas, de repente, de la nada apareció la imagen de Uriel en la escena y también la imagen de Raúl viendo como otro me veía las nalgas, bajándome la licra para que Uriel me viera mientras Raúl disfruta con eso, se me fue el tiempo pensando en eso y llegamos a observatorio, se bajaron los cinco tipos que venían pegados a la puerta, medio se despidieron de adiós y por fin me pude acomodar en otro lado, al levantarme me bajé rapidísimo la falda, volteé a ver a Uriel directo a los ojos.
– Qué pena, discúlpeme.
– No tiene nada de que disculparse.
– Espero no haberlo lastimado.
– De verdad no se preocupe, todo está muy bien.
Mi voz sonaba con tanto pudor y vergüenza que parecía una adolescente virgen. Cuando ya se habían bajado los señores, mi amiga se pasó al asiento del copiloto, se prendieron las luces internas, las que no habían querido prender desde el principio, yo ya estaba sentada a un lado de Uriel hasta la parte de atrás, había 4 tipos más en la camioneta, ahora si se veía diáfanamente, mi amiga pasó unos vasos como para beber, sacó una botella de tequila y sirvió, nos propuso un brindis por la noche, le dije que no tomaba, y me dijo que solo una, me la tomé, brindamos, sirvió otra y me la tomé también, le dije que ya era suficiente, después de la nada un extraño, amigo de Uriel, le habló a mi amiga, pero su voz sonaba como de gay, le dijo que su blusa estaba hermosa y que cuanto eran sus medidas, yo me quedé pasmada, mi amiga sin ningún pudor le dijo que 96 busto, de cintura 65 y 86 de cadera, estaba tan nerviosa que me tomé otro shot de tequila, pero después de algunos segundos comencé a sentirme un poco flameada y en eso le dice el gay a mi amiga:
– Huy estas grande, te hundes en eso Uri.
– Si, la verdad es que si.
– Gracias, pero le envidio su cola a Lucía, ¿a ti cuanto te mide la cola Lucy?
Esa pregunta fue el acabose, me entro esa temblorina, las imágenes de antes, estaba algo flameada, y le respondí:
– ¿Para qué quieres saber eso?.
– Bueno, es que aquí hablamos en confianza.
Pensaba si atreverme a decirles, lo único que me llegó a mi estúpida cabeza era en dejar en ridículo a mi amiga y les conteste. 
– 87 pecho, 67 cintura y 120 cadera.
Su cara de impresión fue a tal grado que uno de ellos, yo creo ya inconscientemente, se acarició su escroto encima del pantalón, y lo peor vino después, pregunté quién de los hombres tenía la medida más prominente, no hubiera yo preguntado eso porque mi amiga dijo enseguida. -.que lo enseñe, que lo enseñe.- y dijo, -.si lo enseñan, Lucy enseña la cola.- Me quedé completamente fría, me llegó el recuerdo de mi imagen y decidí aceptar, pero aquí vino la gran malicia de Uriel, propuso que se bajaran los pantalones y que se midieran, el ganador fue Uriel con sus prominentes 19 cms, los otros solo median hasta 15.5 cms, Uriel en ese momento declarándose ganador me dijo:
– Lucy, tu cola por favor.
Con la temblorina en todo el cuerpo, casi no podía hablar de los nervios, me levanté, me volteé y me pude erguir bien por el techo de la camioneta, me agaché un poco y les dije, estas son mis nalgas, me levanté la falda hasta la cintura y Uriel dijo, ¡qué rico! En frente de mi amiga, mi amiga sin decir nada, ya no pude evitar sentir la humedad de mi vagina, sin preguntarme Uriel me dio un buen agarrón de nalgas, me las acarició y a pesar de lo grandes de sus manos, no pudo apretarlas del todo, me bajé la falda y me senté de nuevo, todos quedaron atónitos con el tamaño de Uriel y el tamaño de mi cola, abrí un poco la cortina de la camioneta y le dije al chofer que ya estábamos cerca, mi amiga y Uriel tomando mas shots, los otros acompañantes simplemente no decían nada, llamé a Raúl a la casa y nadie contestaba, lo cual significaba que él no llegaría, en el tráfico nos hicimos dos horas y quince minutos, cuando ya llegamos, me despedí de mi amiga, de los otros acompañantes y de Uriel, en el carro de atrás, vi que ya se estaba bajando Jonathan, ya se dirigía a su casa y Uriel me pidió pasar al sanitario, el baño está en la parte de arriba junto a mi habitación, así que ya sin agarrarme el vestido por temor a que me viera, estoy segura de que me comía las piernas y las nalgas con su imaginación mientras subíamos, le indique donde estaba, entró y mientras estaba dentro, yo me repasaba mi culo en el espejo de mi cuarto, no me di cuenta cuando salió, ya estaba parado en la entrada y me dijo,
– Sí que esta grandote.
– ¿Neta? Hay más grandes no?
Se acercó hacía mí y me agarró por la cintura, yo estaba fría, comenzó a tocarme las nalgas.
– Antes de irme, te voy a coger. ¡Vólteate puta!
Comencé a mojarme mucho, no quería aceptarlo, pero me encantaba esa situación, Raúl podría llegar en cualquier momento. Me volteé, me agaché un poco y volteé a verlo, se desabrochó la bata y comenzó a frotar su pene en la raya de mis nalgas, en mi pucha, por toda mi entrepierna, por todas mis nalgas, tomó una silla y se sentó un poco recostado frente al espejo, como yo estaba frente a él, me tomó de la cintura, me hice a un lado la tanga y me metí su pene, estaba muy húmeda, lo deseaba. Al principio me ardió un poco a pesar de estar mojada, pero me sentaba una y otra vez, jadeando ligeramente, él comenzó a darme embestidas más fuertes, yo ya gemía más fuerte y me tapaba la boca, trataba de no gritar para que no escucharan allá afuera, volteé al espejo y vi cómo mi culo rebotaba riquísimo, podría haber parecido una eternidad, de repente llegué, tuve un orgasmo muy intenso y clavé mis uñas en su espalda, él seguía penetrándome, comencé a sentir contracciones de placer, de repente él sacó su pene y se vino rápido, me echó toda su leche en la raya de las nalgas, sin decir nada simplemente se abrochó la bata y me dió una fuerte palmada, me dijo que volveríamos a vernos, salió del cuarto y escuché cuando se fueron ambos autos, estaba tan excitada de haber sido utilizada, le fui infiel a mi esposo, me encanto coger con Uriel, que me tratara como su puta.
Tomé un baño y me masturbé, me fui a la cama muy satisfecha. Raúl llegó una hora después, se acercó a la cama y me dió un beso, le conté todo lo de la fiesta excepto mi infidelidad, desde ese día quiero proponerle a Raúl coger con otro en frente de él.

Saludos.

Gejorotto.

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