Relato Erótico / El camionero

Relato Erótico / El camionero

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Me describo como una morena de buenas formas gracias al ejercicio y el yoga que pratico,soy delgada, senos no muy grandes pero firmes y con lindos pezones, y nalgas duritas que han hecho que amigas mías me hayan preguntado si son operadas, mis piernas son marcadaditas y mido 1.62 así que como dice mi novio soy una zorrita muy manejable, bueno vayamos a lo que me sucedió. Hoy tuve que pasar por Gabriel mi empleado, al mini súper pues íbamos a la cervecería a checar algunas irregularidades en el precio y bueno a buscar también algunas promociones y material de punto de venta para la tienda, la cita era muy temprano por lo que cuando entré al estacionamiento del súper aún estaba oscuro, como si fuera de noche, al llegar avancé con el coche, pero un camión de carga estaba atravesado y me impedía el acceso al estacionamiento de súper.


Comencé a tocar el claxon, el trailer estaba encendido por lo cual supuse que el chofer estaba adentro, me desesperé porque aunque estuve tocando por un buen rato, el tipo ni siquiera se asomó, sólo alcancé a ver una mano con un cigarro saliendo por la ventana. Estaba tan enojada porque este sujeto estaba retrasando mi llegada al súper que me bajé furiosa a buscarlo pero el cristal estaba cerrado, ya no parecía estar ahí, de inmediato caminé al otro lado del camión y vi una puerta abierta como de un pequeño compartimento, pensé que sería la dichosa cabina, esa donde duermen, le di un jalón a la manivela y de pronto, sin que siquiera me pasara remotamente por la cabeza, alguien me tiro del brazo para adentro, el lugar estaba oscuro y solo alcanzaba a entrar un poco de luz por las rendijas de la puerta, olía a sudor pero también había ese característico olor a semen por todos lados. Una voz gruesa me dijo: 
“Ahora sí putita, ¿qué tanto estabas chingando cabrona?”. Quise gritar para que Gabriel que estaba en mi auto me ayudara, pero su mano enorme rellena de pelos largos y negros como el resto de su brazo, me cubrió la boca. Yo traía una falda pequeña pues íbamos a una cita importante a la cervecería, el camionero asqueroso, todo sudado, se acercó a mí cuello y comenzó a babearlo, hasta ese momento estaba asqueada, de pronto me sujetó con su otra mano la mía, parecía una mano de gorila tomando la de una niña y se la llevó adentro de su pantalón que ya estaba bastante abajo, ya tenía todo planeado el desgraciado. Cuando sentí lo que había ahí no pude evitarlo, comencé a mojarme de inmediato de solo sentir esa verga enorme y gruesa, no podía verla por la oscuridad, pero sentía sus venas saltadas y su cabeza enorme y me la imagine rompiéndome todo y provocando esa mezcla de dolor y placer exquisito que solo a las perritas como yo les encanta.
Sobra decir que de inmediato comencé a jalársela con todas mis ganas, quise agacharme para mamar ese miembro, pero de pronto la mano que me cubría la boca me soltó una bofetada tan fuerte que me azotó en una de las paredes de metal de la cabina, inmediatamente escuche su voz diciendo: “así es como se les trata a las pinches putas como tú, porque no entienden que para lo único que sirven es para que uno se las coja como a las perras que son” lo decía mientras me jalaba de mi pie derecho y me abría de piernas totalmente, nunca me quito la falta, sólo me arrancó la tanga y se fue encima de mi panocha que para entonces ya escurría y la lamió como si fuera una bestia hambrienta y sin mayor preámbulo me metió tres de sus enormes dedos de un jalón, con lo cual me revolqué en el piso de la cabina del dolor punzante, me desagrado un poco pero eso mismo me tenía hecha una verdadera puta, disfrutando como jamás con nadie, metía y sacaba los dedos y a veces se los chupaba cuando estaban escurriendo y me mordía y mamaba el clítoris, de tal forma, que estaba a punto de desmayarme del placer que me estaba provocando,
De pronto sobrevino esa explosión que esta vez parecía que había sido provocada con toneladas de dinamita porque me tembló cada parte del cuerpo, !jamás había sentido eso!, qué cosa tan exquisita, un orgasmo que hizo que me temblaran las piernas y se arqueara mi espalda, estaba en ese disfrute fabuloso cuando de pronto sentí un enorme peso encima, era el cabrón ese que con su enorme panza de borracho me había montado y sin que siquiera pudiera acomodarme me dejó ir su inmensa verga hasta el fondo, era enorme y sentí como si me fuera a morir del dolor, pero era tan morboso, tan sucio lo que pasaba, que me tenía loca de placer, ese dolor me volvía la puta más puta, qué delicia, entraba y salía a su antojo, de pronto como quien mueve a un trapo me volteo dejándome ir su cuerpo en la espalda, me jaló el abdomen hacia arriba para colocarme como una perra en celo, en cuatro patas y ahí siguió dándome como demente mientras me amasaba las tetas, que delicia no podía más, estaba escurriendo hasta las piernas y el tipo comenzaba a gemir como un marrano.
Cuando sentí un disparo de líquido caliente adentro, no aguanté más y al sentirla me revolqué en otro orgasmo, aquello era un batidero asqueroso que me provocaba más placer, jamás sentí algo tan puerco y exquisito en mi vida. Así como estaba escurriendo y sin calzones, el tipo se levantó, se subió el cierre, me saco de la cabina a empujones, e incluso caí en el piso del estacionamiento raspándome una rodilla, él se dio la vuelta a la puerta del conductor de su camión y se trepó, alejándose con su camión de inmediato, dejándome ahí tirada como a una zorra callejera cualquiera. Tuve que entrar al baño a asearme un poco y así anduve todo el día sin calzones y con la sensación de esa verga enorme adentro de mí y escurriendo semen de vez en cuando durante el día. Ahora cada vez que veo un camión estacionado por ahí, me acuerdo de la experiencia más caliente y rica de mi vida.
Gejorotto.
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