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Mi querido Sr. S

Hoy he querido
escribirte lo siguiente: Que pienso muy seguido en usted, que no puedo
olvidarle, desde la primera vez que le conocí, bueno de cierta manera, desde
que lo vi. Ha estado usted en mis sueños, ha ocupado un espacio de mis
pensamientos, me ha obligado escribirle esta sencilla carta de pasión y
confesión, sí, usted es el culpable de mis adorados sueños; sueños simples y
sencillos que he tenido con usted.

No me mal
interprete cuando le digo que he soñado con usted en sueños, porque simplemente
han sido sueños donde la rutina manda y la posición de las cosas y de usted y
yo en el mismo, no tiene mucha relevancia, la relevancia está en que usted, sí
usted aparece en ellos. Dada la naturaleza de nuestra relación tan corta, tan
simple, tan poca, déjeme decirle que me he quedado sin palabras para
describirle, lo que en ensueños le he visto.

Bueno, esa es la
primera parte de la confesión. La que le sigue es un poco más pasional, es más
locura que nada, es ese deseo de confesarle las cosas, las palabras y pensamientos
que necesito dedicarle a usted.

Y así le diré que: que
me gusta, que le empiezo a querer, que me agrada, que he imaginado toda, toda
un vida con usted (obviamente con mi gran imaginación echada a volar, pensando
en usted, era más que lógico) quiero amarle, quiero decirle lo mucho que le
deseo, que me encantaría hacerle feliz, de sus labios arrancarle un gemido de
amor, que sus pómulos se enrojezcan, que muestren el color del rubor que puede
dar la adrenalina pasional que puede provocar un beso, suave y limpio, lento y
sencillo, como si ese dulce roce, se diese y no se diese, que sienta el amor
que le profeso en secreto, que necesito gritarle a sus oídos lo mucho que le
quiero, que deseo tanto su compañía por las noches, durante el día a todo rato,
a cada instante, cada momento que se antoje, que sea para mí ese dulce que se
saborea lentamente, como quien encuentre su orgasmo saboreando el sabor de la
pasión. Quiero diluirme con usted, quiero ser de usted todo la pasión guardada,
esa pasión dormida que esconde bajo esos cachetes pálidos, amordazar esos
labios con besos cálidos, amarle hasta que me canse de tanto dar.

Mi ser le sueña,
porque dentro de él, está muy arraigado, no puedo pararme frente a usted y
decirle toda esta lista de cosas que le excitarían o le avergonzarían, pues
vienen de una pobre jovencita que lo único que hace de su vida es: mirar y ver
pasar la vida misma. Usted joven y fuerte, se le nota en la cara que no ha
amado y querido a alguien en su vida, quizá sea yo la que le pusiese una pizca
de amor y locura, para ese rostro pálido, pero con chapitas muy pintorescas.
Tal vez no sea yo, dado su trabajo tan agotador, no se detiene para mirar a
través de estos ojos que le desean y le empiezan a querer; no lo sé, a lo mejor
a mí se me pase esta etapa de querer en secreto, de lejitos, de mirarle cada
vez que tengo la oportunidad, porque déjeme decirle que usted, me arranca una
sonrisa cuando le veo, claro muy discreta.

Sr. S esto es lo
poco que le puedo confesar hoy, por el momento en esta tarde fría, con aire de
soledad, con frescura del mañana, con un cielo gris, escribiéndole esto, al
lado de un café.

Y entre todas esas
cosas, no le puedo pedir más, porque este secreto, es y será un secreto, jamás
descubierto por usted, jamás leído por usted, nunca comprendido por usted,
porque es usted mi gran secreto. Disfruto mirarle, cada movimiento que hace,
cada vez que se cruza en mi camino.

Le quiero, no le
fallaré, sepa con toda seguridad que jamás sabrá este tórrido secreto… 

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