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Con la lengua escaldada por las verdades,
yo me confieso ante la noche sempiterna,
pero mis confesiones son susurros inaudibles.
Oquedad, lamentos sordos que revuelven el aire
y cubren de escarnio todo lo que hallan a su paso.
He pecado mucho de pensamiento,
pienso, luego en mí muere el alma.
Error tras error hasta cubrirlo todo,
veneno que se va transformando en tiempo.

Comprende mi fe desvanecida y el cansancio.
De nada me arrepiento, ebrio de orgullo
miro mi obra deshacerse entre mis manos,
Procesión de palabras, espectros de ideas,
sombras que me acusan a cada momento,
por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa,
y esa extraña necesidad de destruirlo todo,
de enterrar las uñas hasta que todo sangre
y la piedra grite al transformarse en polvo.
Mírame así, a los ojos, descúbrete en mis ojos,
un rayo de luz te borra y naces en otro.
Mujer de luz ruega por mí.
Tú, tan cerca del cielo, yo, tan lejos de ti.
Espacio de maldición este silencio que nos separa,
mar de soledad y angustia apagada.
Yo pecador, a la orilla de tus ojos,
perdido en el tranquilo fluir de tu mirada,

me embarco en esta balsa para nunca volver.

Prohibida su reproducción total o parcial sin el consentimiento escrito por el autor.
D.R. © 2016, Jorge Alejandro Saavedra Flores, Gejorotto. Astillas. México, Ciudad de México.

Letras Colectivas D.R. ©, es una revista y un espacio en línea para escritores independientes. Nace como un blog de poesía y literatura para escritores que deseen publicar sus obras de forma gratuita y publicitarse.
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